Cuatro poemas de Jane Hirshfield

Cuatro poemas de Jane Hirshfield

 

 

 

Jane Hirshfield es autora de cuatro libros de poemas, el último de ellos, titulado The Beauty, recién aparecido (publicado en Nueva York por Alfred A. Knopf), del que proceden los cuatro poemas que traduzco a continuación. Además es autora de un par de libros de ensayos. Ted Kooser ha dicho de ella que “nunca he leído un poema suyo que no me haya admirado”.

 

 

MIS PROTEÍNAS

Han descubierto, dicen,

la proteína del escozor—

péptido natriurético cerebral—

y que viaja por su propio sendero

a lo largo de mi columna vertebral.

Como lo hacen el dolor, el placer y el calor.

 

El cuerpo por lo que se ve es una autopista,

un cruce de autovías

bien diseñado, bien trazado.

Parte de mí va hacia el norte, parte hacia el sur.

 

El noventa por ciento de mis células, han descubierto,

no son parte de mi propio ser,

sino de otros seres que viven dentro de mí.

 

Del mismo modo que el noventa y seis por ciento de mi vida no es mía.

 

Además yo, por lo que dicen, soy ellos—

mis bacterias y mis hongos,

mi padre y mi madre,

abuelos, amantes,

mis conductores hablando por el móvil,

mis metros y mis puentes,

mis ladrones, mi policía

que persigue a mi yo noche y día.

 

Mis proteínas, aparentemente también yo,

pliegan las camisas.

 

Encuentro en esta metrópolis abarrotada

un rincón tranquilo

en el que con piezas de Lego no-yo construyo

un banco,

palomas, un sandwich

de pan de centeno, queso y mostaza.

 

Es yo y no es yo

el hambre

que hace bueno al sandwich.

 

No es yo luego es,

el sandwich—

un misterio que ninguno de nosotros

puede doblar, desdoblar ni consumir.

 

MIS OJOS

Una hora no es una casa,

una vida no es una casa,

no vas de una a otra como si

hubiera una puerta que las conectase.

 

Sin embargo una hora puede tener proporción y forma,

cuatro muros, un techo.

Una hora puede caerse como un vaso.

 

Hay quien quiere calma como hay quien quiere pan.

Hay quien quiere dormir.

 

Mis ojos fueron

hacia la ventana, como perro o gato dejado a solas.

 

EN MI CARTERA LLEVO UNA TARJETA

En mi cartera llevo una tarjeta

que declara que tengo el poder de legalizar un matrimonio.

 

En mi cartera llevo una tarjeta

que declara que puedo conducir.

 

En mi cartera llevo una tarjeta

que le dice a los comerciantes que deben confiar en que les pagaré.

 

En mi cartera llevo una tarjeta

que asegura que puedo tomar prestado un libro en la ciudad en la que vivo.

 

En mi mano llevo una tarjeta.

Sus líneas declaran que no tengo tarjetas, ni coche,

ni estado, ni dinero.

 

Es liviana y sin aristas.

Me nombra miembro de la Orden de Cuantos Morirán.

 

LEJOS DE CASA, PIENSO EN LOS POETAS EXILIADOS

Lejos de casa

leí a poetas exiliados

–Ovidio, Brecht.

 

Luego, esa noche dejé los libros

a los pies de mi cama.

 

Toda la noche fingieron ser la gata.

 

Ni una sola vez

la desperté.

http://www.elcultural.com/blogs/rima-interna

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