De las mujeres

De las mujeres

El germen atroz de la violencia está más robusto aún en este agosto. Contra las mujeres, digo. Caen muertas todas las semanas. Tipos absurdos. Hombres taimados. Lobos de presa. Toda esa jauría de seres torcidos que no acepta un “adiós” y confunde crimen con divorcio acumula en estos meses una sangría loca. El asesino es un débil social, lo adivinó Voltaire. Y aquí estamos rodeados. No sólo de aquellos que aventan hostias y quiebran huesos de mujer, sino de esa otra reata más peligrosa por abundante y sorda: los del insulto instantáneo, los de la amenaza, los del acoso en las redes, los del mensaje cabrón. Carne de saldo con goteras, chulos de tresillo, analfabetos funcionales dopados de la falsa fuerza de ser tíos, trucando su autoridad con un hacha.

“Lo que falla no está en los papeles, sino en las cañerías de hombres a los que el fracaso les lleva a licuar lazos con la decencia”

No sé si las leyes son efectivas. No sé si los planes preventivos funcionan. Pero lo que falla no está en los papeles, sino en las cañerías de algunos hombres. Aquellos a los que el fracaso (social, económico, psíquico) les lleva a licuar los lazos con la decencia. Su charca propicia es donde anida el gracioso del chiste putero. El aullador del piropo macho. El escéptico. El pasivo. El indolente ante otra muerte. El que le cruza la cara a la mujer para que sepan los amigos. Parece que les mola ese oscuro placer al que no da derecho el matrimonio. Y eso es lo que no se ataja: la carga de frustración personal que algunos mierdas se purgan hostiando a la que tienen más cerca.

Estos asesinos son ferralla humana que el sistema construye y destruye al mismo tiempo. Pero en el camino dejan vidas secas. Es una forma de terrorismo gota a gota. Ya no hay más que un género, el humano. Y la mujer hace mucho que dejó de ser el negro doméstico del hombre. Aunque a algunos les joda porque se presienten todavía más ínfimos, más mediocres.

También es cuestión de cultura. De inteligencia y cultura. Y por cultura no digo estudios, sino cultura. O sea, pensar, inventar, respetar, comprender. Nada que ver con él éxito, la especulación, el pelotazo ni el confort. Algo muy alejado del “por mis cojones”. No sé si me explico.

Estos crímenes contra mujeres (y contra los hijos de esas mujeres, que es la forma más eficaz de matarlas muy despacio) vienen propulsados por la venganza. Por la idea de que el novio es dueño de la novia, y así sucesivamente. Eso se incuba en casa. Y se hereda. Y se contagia. Y luego salen racimos de universitarios machistas. Y vuelta a empezar. Es fascismo de género. Es vivir con retraso.

ANTONIO LUCAS

http://www.elmundo.es/opinion

Ilustraciòn: http://juanbocos.com

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