De por qué hay cinco emociones básicas pero morriña no tiene traducción a otros idiomas

Los guionistas de la película «Del revés» eligieron representar solo la alegría, la tristeza, la ira, el miedo y el asco, ¿cuál es el motivo?

 

Alegría, ira, miedo, asco o tristeza no son las únicas emociones que toman los controles de nuestra conducta, aunque sean las que se han representado en la película de Pixar «Del Revés (Inside Out)». Sí, pueden darse en estado puro o en estado compuesto, pero con tantas variables y grados que han llegado a dar palabras sin traducción —morriña, lítost, toska…— y sentimientos sin palabras.

Dacher Keltner y Paul Ekman, asesores científicos de la película de animación, han reconocido las limitaciones de la cinta a la hora de representar el verdadero y amplio rango emocional de las personas. «El escritor y director Pete Docter rechazó la idea [representar el abanico completo] por la sencilla razón de que la historia sólo podía manejar cinco o seis caracteres», contaban en un artículo en «The New York Times». Por eso se decantaron por las llamadas «emociones básicas».

«Hay un acuerdo científico sobre estas cinco emociones. Cuando hablamos de emociones básicas significa que se encuentran y se identifican en todas las culturas del mundo», cuenta Luis Muiño, psicólogo y divulgador. Las reconocen tanto los yanomamis —la tribu amazónica más aislada de América del Sur— como los esquimales. Se trata de las cinco emociones a las que da vida la película… pero no sin cierta polémica, porque para algunos estudiosos en esta categoría solo habría cuatro —eliminarían el asco— y para otros serían seis —añadirían la sorpresa—, mientras que para otros sería una categorización totalmente diferente como placer, interés, sorpresa, tristeza, ira, asco, miedo y desprecio.

En cualquier caso, la combinación de las emociones básicas así como de sus componentes biológicos, psicológicos y sociales darían lugar a todas las demás. Según explica Muiño, hay una base biológica, un componente neurológico de respuesta a unos estímulos; pero también hay un componente psicológico, que tiene que ver con cómo se etiquetan las emociones porque así se maximizan. «Por ejemplo, cuando estás enfadado y te das cuenta de que estás enfadado, hace que crezca la sensación», dice el experto. El último componente sería el cultural, por el que también se fomenta o controla otras emociones. «Hay sociedades en las que hay muy poca ira porque está mal vista y se intenta inhibir, como en las culturas orientales», dice. Además, cada sociedad enseña a identificar unas emociones y no otras, de ahí que haya palabras que solo existen en determinados idiomas —resultando intraducibles, como «saudade» para los portugueses y gallegos— y que no formen parte de las básicas.

Todas las emociones son útiles

«Incluso las emociones más desagradables tienen funciones importantes en la adaptación social y el ajuste personal», explica Mariano Chóliz en «Psicología de la emoción: el proceso emocional». Suelen ser de tres tipos: adaptativas, sociales y motivacionales.

También Muiño insiste en esta idea: «La alegría suele ser el final del proceso y creo que hemos confundido el final con el proceso en sí». El experto se refiere así a los casos para los que es necesaria una reacción de ira y de tristeza para cambiar una situación. «En una situación laboral desfavorable, necesitas la ira para salir de ello. Te enfadas con los jefes, te pones triste porque recuerdas un pasado en el que estabas bien y al final incluso acabas teniéndole asco —en forma de rechazo o desagrado— y empiezas a mirar otro trabajo para marcharte. El miedo te ayuda a no irte de un portazo. Pero después de todo, encuentras un trabajo mejor y ahí es cuando te sientes alegre». Siendo alegre siempre, explica, no se hubiera llevado a cabo el proceso de cambio.

Keltner y Ekman también exponían en el artículo de «The New York Times» que, por ejemplo, es la ira —incluso por encima de las creencias políticas— la que mueve a los colectivos sociales a protestar contra una injusticia o que, pese a que la gente asocia la tristeza a un estado de inactividad y pasividad, es ella la que lleva a las personas a unirseen respuesta a una pérdida.

«Hemos vivido una década de optimismo naif, desmesurado. Se ha vendido la idea de que hay que estar siempre alegre», concluye Muiño. «Por eso creo que parte de lo que hace sabia esta película es que habla del valor de la ira, de la tristeza. Entiende el valor de todas las emociones». Inhibir la tristeza no es la solución, sino aprender a canalizarla de forma adaptativa. Saber cómo, cuándo y con quién hay que expresar cada emoción: la inteligencia emocional.

ISABEL MIRANDA

http://www.abc.es/sociedad

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