Dios múltiple

 

Dios múltiple

Para haber un dios sólo (en eso están de acuerdo las principales fes) quizá se ofrezcan demasiadas maneras de adorarlo. Y quizá todas serían buenas si se mantuviesen en sus justos límites, uno de los cuales es que acaso dios no pretenda ser adorado. Porque ninguna creencia religiosa es la afirmación de una realidad, sino la dudosa aproximación a un misterio. Se ha dicho -y es verdad- que cualquier religión es un dedo señalando a la luna. Hay quien mira el dedo, y nada más; hay quien lo chupa como un niño el biberón; hay quien mira la luna y no la entiende; hay quien saca a otros los ojos con el dedo. A los que superan la metáfora, frecuentemente se les tacha de blasfemos y, a poder ser, se les quema. El misterio que las religiones, en el mejor de los casos, tratan de explicar excede del humano raciocinio. Basta mirar al cielo; no al de las promesas: al más modesto que tenemos encima. Andrómeda es una galaxia semejante a la nuestra que no está, comparada con otras, lejos. Su luz tarda dos millones de años en llegar. Y la forman millones de soles, muchos más grandes que el nuestro. Ante tal desmesura, ¿quién osa hablar de dios? Toda palabra e imagen que se usen referidas a él son más una falacia que un retrato. Si vemos un cartel que señala los kilómetros que quedan para llegar a Segovia, no podemos por eso decir que la conocemos. Carteles indicadores son sólo las creencias religiosas.

ANTONIO GALA

http://www.elmundo.es/opinion

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