Dioses mutantes

Dioses mutantes

El hombre que hoy somos comienza con un grito. Se rebela contra sus dioses. Trasgrede un mandato que lo tenía adormecido, en el dócil edén, como un animal doméstico y mimado. Prometeo arrebata el fuego de los cielos en un gesto blasfemo. Adán muerde el fruto del árbol prohibido: el de la ciencia del bien y del mal, el del conocimiento y la responsabilidad: el árbol de la razón. Ya ha comenzado todo. Con la desobediencia a cuanto, desde dentro y desde fuera, le exigía una entregada sumisión. A su alrededor todo seguirá igual: aves, fieras, florestas, montañas y estaciones; pero nada volverá a ser igual para el hombre… El primer gesto libre es un gesto racional de insubordinación. (Por eso para muchos la libertad es el equivalente del pecado. Aunque, para ellos mismos, sin libre albedrío no haya cielo, ni infierno, ni vida que los valga.) El hombre, expulsado del monótono paraíso, se convierte en jugador de su destino (un destino trágico, pues la vida se acaba). Se ha enfrentado a los dioses, y ha perdido. El primer acto humano fue quebrantar un mandamiento. Con dolorosa y excesiva frecuencia, ser hombre se resume en rebelarse; ser libre, en la sublevación que acarrea el insaciable y penoso castigo del poder. Porque ser libre es elegir, pero también hacerse responsable por haber elegido.

ANTONIO GALA

http://www.elmundo.es/opinion

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