POR ESTAS RAZONES LA MEDITACIÓN TENDRÍA QUE SER PARTE DE LA VIDA ESCOLAR

En términos generales, la escuela es para nosotros el lugar donde se aprende a multiplicar y a dividir, sobre la historia nacional, a leer y en suma sobre todas aquellas materias que integran un currículo tradicional, el cual tiene mayor importancia desde la perspectiva de casi todos los involucrados en el proceso educativo.

Con todo, por experiencia sabemos bien que la escuela dista mucho de ser únicamente un foco de aprendizaje en el sentido formal de la práctica y, más bien, es el punto de encuentro de múltiples circunstancias que a veces conocemos por vez primera ahí y que nos acompañan el resto de nuestra vida: la manera en que nos relacionamos con otros, cómo tomamos un logro o un fracaso, qué hacemos con nuestras obligaciones y más.

Quizá por eso, porque en la práctica se trata de una formación múltiple, cada vez más escuelas buscan incorporar otro tipo de disciplinas que fortalezcan dicha realidad y, sobre todo, la encaucen hacia ese carácter integral que ya tiene.

¿Qué mejor, entonces, que hacer de la meditación una actividad cotidiana en la educación de niños y jóvenes? La meditación tiene efectos en casi todos los ámbitos de vida de una persona, desde el funcionamiento de su cerebro hasta la manera en que se sitúa con respecto al mundo. En el caso específico de la educación, un análisis de 15 estudios sobre escuelas que implementaron la meditación como parte de su dinámica habitual demostró que los alumnos tuvieron una mejora notable en tres aspectos: su rendimiento académico, sus habilidades de sociabilidad y su bienestar general.

En específico, la meditación hizo que los alumnos fueran más optimistas, positivos y seguros de sí mismos, además de que igualmente los llevó a tomar conciencia de su salud y reducir emociones como la angustia, la tristeza y otras relacionadas con el estrés o la depresión.

En varias ocasiones el Dalai Lama ha dicho que “si le enseñáramos meditación a cada niño de 8 años, eliminaríamos la violencia en solo una generación”. La premisa sin duda suena un tanto utópica, pero cuando recordamos que, en cierta forma, meditar no es más que concentrarse en la respiración, de pronto parece asequible, sencilla incluso.

¿Por qué, entonces, no apoyarlo? ¿Por qué no intentarlo?

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