If Silence Could Speak es una serie fotográfica del artista belga Lieven Engelen donde se muestran paisajes desoladores y fríos, con el silencio como elemento predominante. La apabullante belleza de las imágenes se acompaña de las coordenadas del lugar donde fueron tomadas (Froskeland 68° 46′ 0″ north, 15° 7′ 0″ east, Norway) y un título que parece particularmente significativo. A partir de esta información nos envolvemos en un diálogo, tan vivo como silencioso, en el cual el paisaje relata solo lo que es, y el silencio lo escucha.

El título de la obra nos conmina a atender lo que sucede en esas coordenadas: en una planicie nevada o en una montaña hundida en la niebla, si el silencio hablara, ¿qué diría? Como si la historia que antecede al paisaje quisiera ser contada. Pero lo que éste murmulla es el diálogo ausente de la naturaleza –el paisaje pide que no se le agregue nada.

El silencio no existe desde un punto de vista literal (o literario), sino como experiencia, “como zona de meditación y maduración espiritual, como espacio, espacio no vacío, como tiempo, tiempo lento”, decía Susan Sontag.

Como toda obra poética, esta serie habla también de sí misma, del silencio gráfico de la fotografía: la forma es el contenido. Estas fotografías son, por lo demás, la respuesta al título que las contiene: el silencio está diciendo ese paisaje que vemos, ese es su idioma y esa es su historia. Y la melancolía que yace detrás de cada imagen nos deja también sin palabras.

Engelen dice sobre su obra: “Captura ese momento específico [en el tiempo] y la emoción que ahí reside. Oculta y atemporal. Como el Soldado Caído. Sin restricciones de ideas preformuladas. En asombro y libertad.”

Habría mil maneras de adentrarse en el juego que nos ofrece esta serie fotográfica. Al final de cuentas es la experiencia sensorial la que trasciende los límites del lenguaje y a la que se nos invita a tomar parte en If Silence Could Speak. Vale la pena, sin embargo, formularse la pregunta: si el silencio hablara, ¿qué diría? Y para contestarla recorreríamos las respuestas posibles solo para regresar, inevitablemente, al propio silencio (y a su respectiva melancolía).

Como decía Walter Benjamin: “La naturaleza es triste porque es muda”.

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