Los Pujol: desollar piojos

RAÚL DEL POZO

Los Pujol: desollar piojos

Ulises

Según la Udef, la ‘talegada’ y el ‘pastizal’ de los Pujol se eleva a 900 millones; según otras fuentes puede rondar los 3.000. Ese guinde y el de otros ‘buscas’ tiene más semejanzas con el saqueo de dictadores africanos que con la Europa donde creemos vivir. Incluso la ‘Tangentópolis’ es un mangue menor si se la compara con los ERE o el ‘caso Rato’.

Pero lo de los Pujol es el caso más escandaloso porque al final se disfrazaron de patriotas para huir de los ensotanados después de más de 30 años -desde que saquearon Banca Catalana- apoyados por el bipartidismo y un par de periódicos hegemónicos. No me gusta contar batallitas, pero ahora recuerdo que en el año 1984 dos fiscales decidieron incluir a Jordi Pujol en la querella de Banca Catalana, después de una iniciativa de Jesús Vicente Chamorro y de un escrito firmado por el bailaor Antonio Gades, el actor Raúl García Alonso, el pintor José Díaz, el actorJosé Manuel Cervino y yo mismo. Esa iniciativa popular jugó un papel importante en la continuidad de las investigaciones, que después se sepultaron en el osario de la razón de Estado.

Con la complicidad de los gobiernos y de los medios se fue fortaleciendo un clan de multimillonarios, tiburones en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, que en operaciones turbias y en mordidas han saqueado a los españoles. Pero, insisto, han sido Pujol y sus hijos-pulpo, ladrones a 14 manos, los que han convertido el deseo de acumular, el deseo de adquirir, en un escándalo de dimensiones globales. Esta familia era capaz, como dice el proverbio, de desollar un piojo para obtener su piel. Los psiquiatras tendrían que averiguar para qué coño querían tantos coches, tantas amantes, tantas cuentas, por qué en ellos la avaricia era más fuerte que la lujuria. El dinero no les saciaba nunca tanto como el deseo de mandar, la necesidad de dominar. Ni siquiera les movía el gusto por el arte, por las colecciones de otros salteadores.

Los dos monstruos isabelinos que cultivaron el verso blanco trataron el tema de la codicia. Shakespeare describe la veneración de Timón de Atenas al oro cuando lo descubre mientras cava. “Este amarillo esclavo situará a los ladrones entre los senadores, […] va a atar y desatar lazos sagrados, […] bendecirá a los malditos”.

El otro autor es Marlowe, del que estos días se publica la obra completa. Murió a los 29 años en una riña por no querer pagar una cuenta, después de una gran borrachera, en la posada de la viuda Eleanor Bull, a cinco kilómetros de la City. El que se preguntó: “¿Quién que ha amado no amó a primera vista?” también se preguntó por el efecto devastador del dinero y la locura de los que lo almacenan. “Yo soy la codicia engendrada por un avaro en un viejo bolsón de oro y, de cumplirse mis deseos, haría que esta casa y cuantos en ella hay se convirtieran en oro para poder encerrarlos en mi buen cofre. ¡Oh, mi dulce oro!”.

Esta familia de avaros dejó a Cataluña y España al borde de la quiebra. Robaron hasta las píldoras de los ancianos.

http://www.elmundo.es/opinion

Deja un comentario