Dios es un kalashnikov

Dios es un kalashnikov
ULISES
 

El Papa en su viaje a África ha reconocido que teme más a los mosquitos que a los atentados yihadistas, a pesar de que le han avisado los servicios secretos de los peligros que corre. Claro que tampoco está seguro en la ciudad de “la puta de Babilonia”: Roma vista, fe perdida.

La mitra es un buen blanco y la sotana albar, mucho mejor; pero Dios nunca abandona a un buen marxista. El Pontífice jesuita ha llegado a tierra de infieles en un Domund heroico cuando están degollando a cristianos y mahometanos. Los niños negros con la hendidura en la cabeza son kalashnikov y el mismo Dios es un fusil.

El obispo de Roma comentó en Nairobi que la violencia, los conflictos, el terrorismo se alimentan del miedo; la desconfianza y la desesperación nacen de la pobreza y la frustración. Pero no es ésa la idea que se tiene del terrorismo actual dirigido por las élites árabes. Los pobres, normalmente hacen motines, no coches bomba, los dirigentes suelen ser de clase alta. Además, el Papa no ha querido recordar que también el terrorismo se alimenta de uno de los monoteísmos.

Otro alto clérigo, monseñor Lorenzo Albacete, teólogo, científico, columnista del NYT, se sintió como una cucaracha entre gallinas cuando le sometieron a un interrogatorio periodístico sobre la religión y escribió ‘Dios en el Ritz’. El arzobispo puertorriqueño reconoció que el siglo de Darwin dio paso a un siglo de sectas, impostores y asesinos. El dinero volvió a ser la deidad máxima. “Cuando -escribió Lorenzo Albacete- miré por vez primera ese horror del 11 de septiembre, esa bola de fuego, en esa explosión de horror, lo supe. Lo supe antes de que se dijera nada sobre quién lo había hecho o por qué. Reconocí a una vieja amiga. Reconocí a la religión”.

El Papa parece de aquellos cristianos del socialismo de la Transición. Ha criticado la dictadura del dinero, ha avisado de que el becerro de oro domina los mercados y las bombas.

Coincide con Carlos Marx, del que es lector, en considerar la guita como el nuevo fetiche. Así como las cascadas de oro del Potosí enloquecieron a los españoles, los surtidores de oro negro han enloquecido a los ‘reyes midas’ del Golfo, que intentan impedir que la razón desacralice al mundo. Oro, sangre, petróleo… de esa materia está hecho el terrorismo y lo sabe muy bien el Papa porque ha leído ‘Timón de Atenas’, donde se descubre cómo se engorda a los pillos y se riega a los tontos. Oro, polvo maldito, ramera del género humano, dulce regicida, asesino a sueldo, galán siempre joven… todo eso le llama Timón de Atenas al dinero, antes de meterse en la cueva, añadiendo que hace valientes a los cobardes y ángeles a los del lumpen.

Los reyes del petróleo, que regalan caballos a los otros reyes, dicen con Goethe: “Si puedo pagar seis potros, los conduzco y soy todo un señor. Como si tuviese 24 patas”. Pero están ya, con Timón, en el último banquete. Al final les arrojarán los platos ardiendo a la cara o los exterminarán sus propios sicarios.

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