Probablemente la palabra oro se usa más frecuentemente en metáforas que en referencia directa al metal. Pensemos en la edad de oro, el corazón de oro, en que el silencio es oro… Con la misma relumbrante metáfora se puede decir que hay un hilo de oro que atraviesa todo el tapiz de la historia, desde los hombres prehistóricos que cambiaban pepitas, o los deslumbrantes templos de Cleopatra, hasta las pinturas de Klimt y nuestras propias finanzas. Pero de sus formas, la hoja de pan de oro, aquella que ha cubierto históricamente edificios, esculturas, manuscritos y mobiliario, es de las más hermosas y literalmente la más fina de todas.

Gold3Los antiguos a este arte le llamaban laminado de fuego, y quizá sus dos auges fueron en el Medio Oriente durante le era de Cleopatra, el primero, y el segundo en Francia, cuando Luis XVI quiso mostrar al mundo el esplendor de su país y establecerlo como líder en las artes decorativas. Una lámina de pan de oro idealmente debe medir 0.5 micrones de grueso (ser 200 veces más delgada que un cabello humano), y aunque para obtenerla se requiere de poco material de trabajo, detrás de cada una debe estar el más diligente y cuidadoso de los artesanos. De hecho, el oficio de los batidores de oro existe desde hace aproximadamente 4,000 años en el norte de África, cuando se aplicaban láminas a la madera para hacerla parecer de oro sólido, y continúa al día de hoy en virtualmente todo el mundo. No hay desde luego ninguna pintura de oro que se le parezca en resultado al pan de oro; el brillo que emite es una analogía terrestre al brillo más puro del sol –he allí lo de “laminado de fuego”– y da la impresión de convertir en oro macizo todo lo que cubre. Por ello mientras haya oro en el mundo habrá laminado de oro en sus máximas manifestaciones artísticas. Pero su belleza está también en su manufactura.

En un taller tradicional de laminado de pan de oro, de los cuales quedan pocos en el mundo, la única maquinaria que hay es el martillo hidráulico. Allí se baten primero los listones de oro, que miden alrededor de 11 metros de largo, hasta que su grosor llega a un ochocientavo de milímetro de grueso. Luego, estas láminas se cortan en diminutos pedazos que se colocan una sobre otra separadas por un papel de pergamino. Los siguientes golpes se dan a mano con un martillo que pesa aproximadamente 3 kg, hasta que los últimos golpes se dan con uno de 8 kg. Al final, la hoja de solo 0.5 micrones de grueso y un paquete de 1,000 piezas pesa alrededor de 20 gramos.

7 After beating

Desde luego, esta manera artesanal de batir el oro hoy en día podría ser completamente reemplazada por maquinaria, pero en palabras de Marino Menegazzo, uno de los últimos batidores de oro en Italia, “la hoja batida a mano es más suave y más maleable, no es metálica y dura. Digamos que la hoja de pan de oro hecha a mano tiene un alma”.

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