Gonzalo Fuenmayor, la alucinante belleza de la Tropicalia

No es posible ver una pieza de Gonzalo Fuenmayor sin sentir todo el peso de su extravagancia ideológica. Sus irrupciones –una palmera gigante en un teatro clásico, un racimo de plátanos en el palacio de Buckingham– son a un tiempo antitéticas y conciliadoras: son golpes visuales que pueden iluminar hasta el más negligente de los rincones políticos y convocar a una fiesta entre los adversarios.

Fuenmayor (1977) es originario de Barranquilla, Colombia, pero ha estudiado y vivido tantos años en Estados Unidos que, debido al contraste cultural, los temas que lo hicieron memorable ––la tropicalia, la opulencia, la identidad cultural y, desde luego, la hibridación de las culturas–– terminaron por germinar. Pero para hablar de él es necesario hablar de los plátanos: la fruta con más connotaciones (ideológicas, políticas, sexuales) que tenemos en el planeta y el motivo central de su obra.

tumblr_ll1p6iVcBs1qia0t0En cada uno de sus plátanos está el arte pop de Andy Warhol (quizás ya inseparable de su representación) y el potencial sexual de las ideas de Freud, pero también están las relaciones políticas e históricas de la United Fruit Company con Colombia (específicamente la masacre de las bananeras en 1928) y la alusión a todas las exuberantes ‘repúblicas bananeras’ de América Latina en contraste con la opulencia (y decadencia) de la decoración victoriana. Aquí entran sus dibujos a carbón con una elegancia tropical que no se había visto. Fuenmayor es un maestro en el dibujo con carbón, al grado de que sus piezas podrían fácilmente confundirse con fotografías en blanco y negro, excepto que lo que muestran difícilmente podría llegar a reunirse en la realidad, a no ser por sus igualmente irreales instalaciones.

Mitologías tropicales, por ejemplo, es el resultado de un viaje que hizo al Amazonas gracias a una beca otorgada por The School of the Museum of Fine Arts de Boston. Allí visitó una plantación de bananas y fue donde se le ocurrió colgar candelabros victorianos de los racimos y… encender las luces. Esa acertada composición fue la que luego colgaría en un comedor del Hotel Faena durante el Art Basel de Miami en 2014, bajo el título Edén.

Estoy interesado en cómo la ornamentación con su gracia y exceso tiene la capacidad de camuflajear y ensombrecer circunstancias cuestionables de todo tipo. Lo que inicialmente comenzó como un intento ligero de exorcizarme y posicionarme como específicamente ‘colombiano’ –viniendo de una república bananera– evolucionó hacia una exploración de la hibridez cultural y la identidad transnacional.

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Podemos decir que sus candelabros y dibujos son un oxímoron visual, y como todo oxímoron funcional, producen un surplus de significaciones audaces. En el caso de Mitologías tropicales, los candelabros cobran vida vegetal (como si siempre la hubieran tenido y Fuenmayor sólo nos hiciera ‘verla’) y los plátanos a su vez se tornan elementos lumínicos, elegantes y aún más provocadores. ¿Qué ocurre cuando la cultura caribeña irrumpe en Europa? Esto. Una alucinante hibridación que pone en ridículo toda su política cruzada y sus estilos identitarios y a la vez los reviste de una nueva belleza, una nueva extravagancia.

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