Nunca volveré a ese maldito país

Nunca volveré a ese maldito país

       Los mitos alimentaron, in illo témpore, la literatura −Gilgamesh, la Ilíada, la Odisea, la Eneida− y la literatura creó personajes míticos: Eneas, Ulises, Aquiles, Gilgamesh. Ese trasvase recíproco entre las leyendas y los héroes no ha cesado. No hace falta, en efecto, remontarse a la antigüedad. Hay una mitología de nuestro tiempo, habitada por héroes que, como los antiguos, tienen algo de ángeles y algo de demonios, son benignos o malignos y, a menudo, malignos y benignos al mismo tiempo. Así es la condición humana que tales mitos escenifican: lado oscuro, lado luminoso… Anverso y reverso. Haz y envés. Vuelta y vuelta, y hasta revuelta. En la portada de este libro, escrito por el sevillano Francisco Reyero y editado por la Fundación José Manuel Lara, aparecen dos héroes, simultáneamente luminosos y oscuros, del siglo que precedió a éste: Ava Gardner, “el animal más bello del mundo” se dijo de ella, y Frank Sinatra, la Voz. Los dos anduvieron por España, a veces juntos, a veces por separado, siempre revueltos y revoltosos, y ninguno de los dos pasó inadvertido. De Sinatra es la frase que sirve de subtítulo al libro: Nunca volveré a ese maldito país. El maldito país es éste, el nuestro, España, al que también maldicen, siempre en guerra interior, peleándose con su sombra, algunos españoles. Pero Sinatra volvió. Era aquella otra España en la que muchas cosas, buenas y malas, que hoy se nos antojan imposibles, fueron pan de cada día. La España de la noche y de la madrugada, la de las ventas, la de los tablaos, la de la cazalla y los churros, la de los toros y los toreros, la de Hemingway y Orson Welles, la de Chicote y las Cuevas de Sésamo, la de la inauguración del Hotel Castellana Hilton, que hoy ya no se llama así, la de la picaresca y las juergas, la de la censura caprichosa y los grandes rodajes de Hollywood, la de los primeros turistas y el cine de Berlanga… Una España −la de los años cincuenta y sesenta que yo, por razón de edad, conocí y me pateé− y que Paco Reyero, que nació en 1971, no pudo conocer ni patearse, lo que no le impide evocarla y contárnosla en este libro vertiginoso, a decir poco.

        POSDATA (léase con fondo de Strangers in the night) – “Sinatra me llegaba y me llega porque su música me hablaba de mis cosas, de mi tiempo, de mis sueños, de un mundo lírico y golfo que estaba en alguna parte. La seda de la noche, el pecado de las mujeres, la libertad del delincuente, la forja de un ladrón (…) Frank tenía voz de sueño y espesor macho. Extraño en la noche, en nuestras noches de posguerra e indigencia sentimental, era nuestro contemporáneo, nuestro hermano mayor (…) No basta con la voz. Hace falta el estilo para emocionar y el estilo es la sensibilidad”. Fragmentos de lo que Paco Umbral escribió tras la muerte del cantante en mayo de 1998. Raúl del Pozo, en cambio, según propia confesión, iba al Castellana Hilton para sentarse en el sofá donde ponía Ava Gardner el mejor culo del mundo y se rozaba contra él… Contra el sofá, digo, no contra el culo.

       (Lo dicho: el animal más bello del mundo, con permiso de los gatos, las panteras, las águilas y las gacelas).

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/dragolandia

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