Así suena ‘Blackstar’, el disco de Bowie

La nuevo de David Bowie: Blackstar

Tres años después de su inesperado regreso con ‘The Next Day’, la estrella presenta un nuevo disco contundente, percusivo y alucinado, que se publica el próximo 8 de enero, día de su 69º cumpleaños.

“Ver más y sentir menos”. David Bowie cumple 69 años el próximo 8 de enero, alejado de la vida pública pero todavía comunicándose con el mundo con su música como una estrella que irradia energía desde la oscuridad. ‘Blackstar’, su 25º disco, se pone a la venta ese mismo día, tres años después de que el hombre antes conocido como Ziggy Stardust y The Thin White Duke dejase a todo el mundo con la boca abierta con el anuncio, por sorpresa, de un nuevo disco, ‘The next day’. Aquel trabajo puso fin a una década de silencio, en la que Bowie había dejado de lado la música tras sufrir un accidente vascular y ser sometido a una angioplastia en 2004, en plena gira mundial.

‘The next day’ supuso también una pequeña revolución por la decisión de Bowie de no someterse a la maquinaria promocional ni sacar el disco de gira. Una estrategia en teoría suicida, pero que en tiempos de la hiper-comunicación y la conectividad eterna se tornó tremendamente efectiva. Cuanta menos información proporcionaba Bowie, más interés generaba su figura y su obra. Así se pudo ver con la buena aceptación del disco y con las reediciones y recopilatorios que le siguieron.

Tras aquella explosión de productividad, Bowie regresa ahora más conciso y centrado, pero no por ello calmado. Producido por Tony Visconti, ‘Blackstar’ tiene sólo siete canciones (frente a las ¡17! de ‘The Next Day’) y, de ellas, dos ya aparecieron el año pasado con motivo de la publicación por Warner del recopilatorio ‘Nothing has changed’. Se trata de ‘Sue (Or in a season of crime)’ y su cara B, ”Tis a pity she was a whore’, aunque en esta ocasión se presentan en una versión menos orquestal y, al igual que el resto de ‘Blackstar’, más percusiva.

Además, hay otros dos temas que Bowie ya ha adelantado. El primero es ‘Blackstar, que da título al disco’, una pequeña ‘suite’ de nueve minutos en la que hace un recorrido por toda su carrera, desde las melodías pop del ‘Hunky Dory’ al drum’n bass de ‘Earthling’, los saxos orientales de ‘Neukölln’, el ‘ambient’ de los discos con Brian Eno… Cambios de ritmo desde la letanía al jazz contemporáneo, las percusiones ‘dance’ de LCD Soundsystem… La historia que cuenta Bowie habla de profetas, ciudades amuralladas y alucinaciones. Acaso referencias a los refugiados y a un mundo azotado por las religiones, pero todo lo suficientemente críptico para que uno se meta dentro de la vorágine que Bowie intenta crear en el vídeoclip de la canción.

‘Lazarus’ es el segundo, y es el único punto de intersección entre este disco y el musical del mismo nombre que se acaba de estrenar en el off-Broadway, protagonizado por Michael C. Hall (‘Dexter’). También aquí saxos árabes (con un toque Roxy Music), delirios de resurrección y redención entre arquitecturas y ese toque de jazz después del jazz que, a través de la distorsión y las percusiones contundentes, hace pensar en Scott Walker, la referencia más clara en los 40 minutos del álbum.

Ritmo marcial en ‘Girl loves me’, que luego se tiñe de un toque ‘indie’ y electrónico, como en aquella colaboración que hizo con TV on the Radio (‘Province’). Para contrarrestar, una ‘Dollar days’ que empieza balsámica (casi como ‘Where are we now?”), pero acaba melodramática. Algo parecido ‘I can’t give everything away’, otra de las maravillas del disco, una bomba rítmica de final abrumador donde Bowie dice eso de ver más y sentir menos.

A punto de entrar en los 70, Bowie sigue con su particular campaña de exploración musical, como un viejo cabalista que sigue descifrando códigos nunca antes adivinados por el ser humano y que sólo podrán comprenderse totalmente cuando pase el tiempo.

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