Barbarie

Acudí a la presentación de la nueva edición de los ensayos de Ferlosio para poder contárselo a mis bisnietos. Pocas veces la imagen del león en invierno ha sido más apropiada. Habló con Tomás Pollán de altos estudios eclesiásticos: el índice escatológico, la palinsquemia, la haplosquemia, el Calila e Dimna. Rozando los 90 años, Ferlosio sigue tan pendiente del sentido de las palabras como cuando pasó 15 años estudiando gramática.

Creo que la irritación que sentimos contra esta campaña electoral tan rematadamente sosa obedece a que los partidos han dejado de pensar y se dedican a mover el trasero por si alguien pica. Da lo mismo que juren ser de derechas, de izquierdas, de centro o de subsuelo porque lo cierto es que no son de nada y bailan para la muchedumbre goyesca del entierro de la sardina.

En una reciente entrevista el profesor Benito Arruñada, uno de los talentos de este país, decía que el problema no son los políticos, sino los votantes. Y lo razonaba: los políticos, aunque deseen ser racionales, acaban disparatando porque es lo que suma votos. La causa, como todos sabemos, es la nula educación española y la vagancia que conduce a no informarse, a desconocer, a no comprobar, a no exigir.

Cuando oía a Ferlosio discurrir con Pollán sobre el individuo como pura repetición indolora, creí estar ante el último representante de una augusta tradición que se extingue, la de los sabios por afición. Y entonces sonó el célebre verso: “Vinieron los sarracenos/ y nos molieron a palos/ que Dios ayuda a los malos/ cuando son más que los buenos”. Así es, vienen los bárbaros por las cloacas de Internet. Nos van a moler a palos. Y ni Dios nos va a salvar. ¡Pero no prevalecerán!

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