El arte de mezclar es casi tan antiguo como el instante en el que el ser humano obtuvo conciencia de sí y confirmó que existía un “allá afuera”, un mundo exterior compuesto por una miríada de ingredientes clamando ser explorados, combinados.

Desde esta perspectiva, la mixtura de elementos anima un excitante vehículo de conocimiento. No sólo implica familiarizarte con cada uno de los ingredientes y sus respectivas cualidades, sino que permite crear nuevos seres, versiones purificadas o en muchos casos superiores a sus antecesores disociados. Tal vez por eso este acto, el mezclar, forma parte del axis de la alquimia, premisa que se condensa en la máxima solve et coagula (disuelve y coagula, o separa y une).

15256471061_56be64b51b_z-539x400Conforme el afán de combinar fue sofisticándose, esta práctica impregnaría numerosos rubros del quehacer humano, desde la ciencia, en particular la química (directamente derivada de la alquimia) y la medicina, hasta la magia, en la cual la elaboración de pócimas se consagraría como uno de los recursos más populares y poderosos. Y entre estas manifestaciones podríamos también incluir la gestación de quimeras, una tradición gráfica del Medievo que responde a la combinación de cuerpos, a la fusión estética o mitológica de dos seres para derivar en una criatura nueva, distinta, que supera en cualidades a la simple suma de las partes.

Un campo en el que este arte halló uno de sus terrenos más fértiles, el cual por cierto está estrechamente relacionado tanto a la química como a la magia y la medicina, es la gastronomía. En la cocina se materializó de forma exquisita la noción de crear nuevos paisajes a partir de la fusión de elementos originales. Posteriormente nacería lo que hoy conocemos como mixología, definida como la ciencia de combinar bebidas para crear tragos memorables –portales a nuevas sensaciones de sabor que detonan estados de ánimo puntuales, generalmente deleitantes.

El punto al que queremos llegar es a la conciencia de que cada vez que disfrutas un buen coctel, en realidad estás abriendo las puertas a un mundo en el que convergen antecedentes mágicos, químicos, medicinales y estéticos. Más allá de una herramienta social o una pócima placentera, estas bebidas sinérgicas bien podrían actuar, aunque suene un tanto paradójico, como instrumentos de exploración y autoconocimiento. En todo caso, e independientemente de que esta hipótesis se cumpla o no, el simple hecho de percibirlo así facilita el cumplimiento de una misión latente en nuestros tiempos: el reencantamiento de la realidad.

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