¿Quién decide nuestro destino?

Por: Josep Giralt

 

Cualquier adulto que no comprenda que el mundo es un lugar injusto, es un iluso o un soñador.  Siempre me ha preocupado el peso que los estados tienen sobre los individuos. ¿Es lo mismo haber nacido en una aldea rural en la India, que en un barrio de Ámsterdam? ¿Son las hambrunas y guerras surgidas en África, responsabilidad del continente europeo? ¿Hubiese triunfado el capitalismo de no existir los crímenes del Estalinismo? ¿Los 139 fallecidos en París,  -el pasado 13 de noviembre-, seguirían con vida de no haberse producido la reunión de las Azores? ¿Seríamos los mismos si nuestros padres no hubiesen pasado por la tragedia de una guerra civil y la dictadura? Siempre me he preguntado quiénes seríamos hoy, si en vez de acabar con Lorca, Miguel Hernández, y Machado, hubiésemos apostado por la educación y la cultura. Impresiona comprobar cómo a pesar de la fortaleza de los estados, con sus tanques, su aviación, su radios, su televisión y sus misiles siguen teniendo miedo a la palabra. Parece que todavía no saben que censurar o prohibir una obra es la más alta distinción que un Estado puede otorgarle a un artista. Además de hacerlo inmortal. 

Chiapas

Mujer campesina, México-Autor Josep Giralt

Para resolver los grandes problemas globales (pobreza, desigualdades, fundamentalismos, hegemonía del capitalismo, etc.) sería necesario un talante conciliador que tienda puentes entre posiciones encontradas como la fe y la razón. Me entristece ver la indefensión que sufrimos los ciudadanos ante la ineficaz gestión de los gobiernos. Pero por encima de todo, me molesta e inquieta que los políticos fomenten el odio y lo exploten a su conveniencia. Nadie debería obedecer la orden de enfado general emitida por hombres con responsabilidad de poder. Nos obligan a elegir. No sólo lo hacen los fanáticos y los xenófobos de todas las orillas, también tú y yo, todos nosotros. Por esos hábitos mentales y esas expresiones tan arraigadas, por esa concepción estrecha, exclusivista y simplista que reduce toda identidad a una sola pertenencia que se proclama con pasión. No entiendo como seguimos cayendo en esa trampa. ¿Es que no aprenderemos nunca? ¿Es que no vemos que enemistándonos entre nosotros, lo único que conseguimos es perpetuar su permanencia en el poder, salvaguardando así sus propios intereses?  

Progreso

¿Quién es el Estado, cualquier Estado para imponer qué debemos sentir? Cuando se nos incita a que afirmemos nuestra identidad, lo que se nos está pidiendo es que rescatemos del fondo de nosotros mismos esa supuesta herencia fundamental que suele ser la pertenencia a una religión, una nación, una raza o una etnia, y que la enarbolemos con orgullo frente a los demás. No entienden, que la identidad no está hecha de compartimentos, no se divide en mitades, ni en tercios o en zonas estancadas. No es que me haya vuelto loco y de golpe tenga varias identidades: tengo solamente una, pero es producto de todos los elementos que me han configurado mediante una dosificación singular que nunca es la misma en dos personas. Y así quiero ser y así quiero seguir. No me gusta que me impongan quiénes deben ser mis enemigos. Sus adversarios no son los nuestros. ¿Acaso el hecho de que el  hombre corriente se haya empobrecido, y que la miseria se haya multiplicado en el mundo en los últimos cinco años, les importa realmente? ¿Se han parado a pensar que la mayoría de los execrables atentados terroristas son producto de la marginación, la pobreza y la exclusión? ¿Es que nadie es capaz de preguntarse el por qué? ¿De dónde sale tanto odio y su origen? Me pregunto porqué no encuentran otra solución que las bombas.

Malwi 2

Malawi-Autor Josep Giralt

Mi padre siempre decía que de haber nacido en otro país europeo y en otro momento su vida hubiese sido muy distinta. Estoy convencido, pero creo que en la actualidad todo ha cambiado sustancialmente. Ahora todos estamos bajo el yugo de la misma ideología de Estado totalitario. El triunfo del capitalismo más salvaje, esa ideología que, en beneficio del Estado,  nos utiliza como engranaje de una maquinaria que limita  nuestra vida y libertad, en pos de un bien abstracto. Marcelo López Cambronero define este momento a la perfección: “El mundo que a todos arrasa y engulle, que tiene sus propios fines y pasa las orugas de los tanques por encima de millones de vidas anónimas”. Aquellos que cuentan con menos posibilidades, son paradójicamente los que menos perspectivas tienen para salir del círculo de la pobreza. ¿Cómo pretenden que no exista gente en el mundo a la que no le importe inmolarse? Ignorancia, hambre, soledad y exclusión son aquí y en cualquier parte una bomba de relojería. Mientras tanto, todas las cadenas de televisión del universo nos machacan con artículos de lujo y personajes grises y banales. Sin duda alguna, le educación no es una prioridad para los gobiernos. Y de esos barros, vienen estos lodos. Tal y como decía Pitágoras; “ Educad a los niños y no será preciso castigar a los hombres”.

Mozambique

El abordar todas esas dificultades supone ya un primer paso. Intentar comprender lo que no está funcionando debería proporcionarnos elementos suficientes para pensar, comprometernos y actuar. La gran mayoría de políticos y gobiernos se han desvinculado de sus propias responsabilidades y, al hacerlo, han provocado una grave y enorme confusión. Nadie ha dado respuesta a una pregunta que, además, se necesita desesperadamente: ¿qué ha supuesto todo este egoísmo materialista, para las personas que precisan de justicia, sanidad, educación, ayuda, o pan? ¿Han servido para apartar una sola bota de la cara de un solo ser humano, o todo lo contrario? Se equivocan los que proclaman a bombo y platillo que la compasión puede transformarse de algún modo en comprensión. 

No parece existir un consenso mundial sobre la mayoría de las cuestiones importantes. La ideología del mercado cabalga sobre la nueva historia cimentando así la nueva realidad. Esa realidad que es divulgada por regimientos de sumisos periodistas, economistas, artistas, políticos, etc. Estableciéndose como una capa de hollín sobre la verdad. Y lo hace con facilidad porque es más sencilla, porque se repite hasta la saciedad, porque sirve para explicar tantas cosas-pues todo debe explicarse a través de ella-. Todo lo hace fácil, todo se explica apelando al mismo discurso, a las mismas palabras, a los mismos enemigos. No es profunda, ni verdadera, no nos conmueve, pero es simple porque vivimos más felices en la simpleza. Bastante tenemos ya con nuestras propias miserias. Esta es la nueva imagen del mundo que quieren que vendamos a las nuevas generaciones.

Neoliberalismo_desigualdad

Sin embargo, insisto, el Estado ha intentado, (a lo largo de la historia) aplicar una violencia masiva y brutal para apagar la conciencia del hombre, pero nunca ha conseguido ahogarla del todo. A poco que se relaje surge de nuevo la llama, el hombre que definitivamente aplastado se levanta y mira de nuevo hacia lo alto, porque la aspiración a la libertad siempre ha sido indestructible. Por suerte, los seres humanos somos todavía un misterio abierto, denso, irresoluble, sorprendente, y conmovedor. Nuestra conciencia nos habla de la maldad. El hombre y el mal, y el mal que el mismo hombre crea, difunde, proclama, apoya y sublima. Sabemos, que el drama del mal, es el gran escándalo de la humanidad. Por todo ello, necesitamos más que nunca una revolución de soluciones morales.

Fanatico-moral-El-Roto

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