Tono

Grande ventaja de la vejez es aprender a divisar el modelo de viejo en que se ha ido convirtiendo cada uno de tus conocidos. Gracias a ello, cuando te presentan a un joven ya lo adivinas en su etapa terminal y sabes si puedes fiarte de él.

Uno de los mejores viejos actuales, Antonio Escohotado, era conocido en la universidad como Tono Decoleté y siempre ha llevado una vida escotada, incluso guillotinada. De hecho, podría haber muerto media docena de veces y se ha ido librando gracias a su notable inteligencia. No contabilizo la primera, que es cuando me birló una novia de muy buena calidad, porque se la merecía.

Estuvo a punto de morir durante la mili, y cuando se dedicó al estudio sistemático de las drogas, a finales de los setenta, también, claro, cuando la policía le tendió una trampa y acabó con sus huesos en la cárcel. Y cuando escribió un libro sobre el totalitarismo de la izquierda y el rojerío español, que era entonces poderoso, lo inscribió en el apartado “fachas”, lugar que se ha ido convirtiendo en un Panteón de Hombres Ilustres donde residen en la actualidad las mejores cabezas de España y varias de chorlito.

Más próximo a Jefferson que a Lenin y a Jünger que a Sartre, es un caso de obstinación en la lucha por su libertad personal, en lugar de luchar por la libertad de la nación, el partido y el sindicato. Esto dañó su prestigio universitario. Poco importa, porque es uno de los escasos filósofos verdaderos que quedan en este país. “La metafísica es poesía en prosa”, dijo.

Merece la pena leer su colección de escritos, verdadera biografía intelectual, aparecida con el título de Frente al miedo. Enseña a no temer al miedo.

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