Aleluya

Papa de Roma llega a México, a todo México. Desde el Suchiate al Bravo. Es el segundo de los cuatro grandes espectáculos que conmocionarán a buena parte de nuestros conciudadanos en poco más de 30 días. Anteayer domingo tuvo lugar el esperpéntico Super Bowl, que paralizó porciones considerables de nuestras clases altas, medias y bajas. Dicen que la venta de aguacates en la margen izquierda del Bravo alcanzó niveles nunca vistos ni soñados.

 Aleluya

 

Con ellos decidieron aderezar este año las parrilladas caseras, que los de allá conocen como bbq, y con las que acompañaron el partido y sus olanes, que duraron en total entre ocho y 12 horas. De hecho sus ecos todavía retumban, allá y aquí. Ése fue el primero de los megaeventos. El tercero será la entrega de los Oscares el domingo 28. Otra gran sacudida, menos ruidosa, pero más duradera y, sobre todo, más extensa. Si con el americano se encendieron cientos de millones de pantallas, planas y curvas, con las estatuillas serán mil millones en el mundo entero. Lástima que será de noche y lo de las bbq con aguacate está más cabrón. Pinche frío.

La traca final será a mediados de marzo y correrá a cargo de sus satánicas y vetustas majestades de los guijarros, los Rolling Stones. Esta vez el descuajaringue será local y, ay, no pasará por televisión. Sin embargo, con suficiente previsión y módicos cien mil pesos (reconozca que en dólares no es tanto; cada vez menos) tendrá usted asegurada su localidad en la zona platino. De todos modos si es usted un pobre menesteroso, por miserables dos mil pesos (¿qué serán cien dólares?) podrá ir a la gayola de las gayolas “naranjas” y verlos y oírlos por televisión. Esta vez gigante, eso sí.

Dejé para el final de mi comentario la segunda de las cuatro galas tan estrepitosas como fastuosas. Así, pues, este viernes se deja caer Su Santidad. La repercusión de la visita también es local, y para los interesados mucho más barata que la de los Rolling. Por eso los asistentes serán muchos más. Aunque para el gobierno será mucho más cara, muchísimo, y habrá menos parrilladas y aguacates.

Se dice que Francisco viene en su doble condición, de Vicario de Cristo y de jefe de Estado. En ese orden. Es decir la visita tiene carácter tanto político como pastoral. En otras palabras, para entendernos, más que propangandística, publicitaria. Me recuerda las del Dalai Lama, con más pompa y circunstancia. Y con más amplificadores. No acabo de entender la expectación que despierta el jesuíta Jorge Mario Bergoglio. Empecemos por decir que la Compañía de Jesús es la más taimada de las órdenes y que la católica es la religión más light de cuantas pueblan el planeta. La inmensa mayoría de los católicos de México y del mundo lo son por default. Y no son practicantes.

Y el actual Sumo Pontífice, más allá de la fe propiamente dicha, es un personaje anodino, de muy poco interés. No proclama más que lugares comunes, que no informan ni sorprenden a nadie. Ni a sus fieles ni a sus infieles. Hay que estar del lado del bien y combatir el mal. Órale. Ello no le impidió declarar, poco después de iniciar su pontificado, que era preciso “detener” al EI por todos los medios. “Dije ‘detener’ no hacer la guerra” acotó. Jesuitismo puro. Tuvo que ser el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, el que tuviera que aclarar lo que el Santo Mandatario quiso decir: “Las medidas para acabar con el grupo terrorista del EI no deben ser únicamente militares”. Acabáramos.

La Santa Sede se ha cansado de acusar al mentado EI de contar con niños entre sus combatientes. Y ahora resulta que el mismísimo Papa se apresta a canonizar a un niño soldado en nuestro país. Incluso, se utiliza, de la manera más tramposa posible, la célebre fotografía de un jovencito armado hasta los dientes, que a todas luces forma parte del Ejército federal, como retrato del futuro santo cristero. La leyenda en torno a José Sánchez del Río es del todo insostenible. Y el milagro que se le adjudica aún más. Sin querer ofender a nadie, al borde del ridículo. No tengo espacio ni humor para desbrozarla aquí. Mejor lo remito, curioso lector, al magnífico texto/reportaje que sobre este episodio publicó Teresa Zerón-Medina Laris en la revista Nexos de enero de 2014. Lo encontrará enhttp://gallogallina.nexos.com.mx/?p=272. Sea usted creyente o no, léalo. No tiene desperdicio.

Pocos ilustrados necesitan celebrar hazañas épicas de rebeldes obviamente novelescos. Virtudes imaginarias concitan admiración, sin embargo glorificar ungidos requiere obsecuencia, limar obstáculos que ultrajen insolentes el recogimiento espiritual, proclive a reconocer aquellos milagros inadmisibles.

Los prodigios divinos constituyen, sin duda, el segmento más oscuro y atrasado de las creencias religiosas. Los feligreses más esclarecidos no sostienen su fe en tales fábulas. No son pocos los devotos serios, convencidos y convincentes que se mantienen al margen de tan deplorables fabricaciones.

No puedo no recomendarle aquí, como rúbrica de esta reflexión, más corta e insatisfactoria que nunca, el testimonio de otro milagro cristiano, esta vez no católico, pero al que nuestro Joselito no le pide nada. El show de los milagros es equivalente. Vealo en https://www.youtube.com/watch?v=WvnauHY0EH4. Disfrútelo o súfralo, amigo mío, ai usted. Tanto monta, monta tanto. Aleluya.

MARCELINO PERELLÓ

http://www.excelsior.com.mx/opinion

Deja un comentario