Somos escarabajos

Somos escarabajos
ULISES

 

Estamos en plana metamorfosis de la prensa y, como en el libro de Kafka, los periodistas nos estamos convirtiendo en molestos y raros insectos, escarabajos peloteros, ludistas del ejército de reserva.

Primero fueron las tablillas de arcilla y el estilete de caña; después, el papiro del Nilo de deslumbrantes flores; y, por fin, el papel. Y ahora avanzamos hacia la democracia digital, tenemos en casa la biblioteca de Alejandría, el Parlamento es una plaza pública.

Pero algo raro ocurre en la prensa: la transformación digital de las cabeceras está resultando un proceso lento. Los últimos escándalos financieros y políticos se están publicando, lo mismo en diarios impresos, que en los on line. Y se recurre al escudo del papel, como si dieran la razón a los que piensan que lo que se escribe en papel escrito queda y lo que se escribe en internet, se escribe en el viento: «Escrito en el aire, sobre un papel de viento», dijo el poeta.

Los titulares hacen énfasis en la palabra maldita: papel, papeles de Panamá,papeles de Luxemburgo y, ahora mismo, papeles de Suiza, donde están anotados con pluma sobre hojas de papel, los nombres de los miles de españoles con dinero en ese país.

Ya hubo crisis del soporte cuando no había surgido el papel y el pergamino resultaba muy caro, hasta que surgió el palimpsesto, donde se raspaban los textos primitivos y se escribía un nuevo relato. De Quincey cree que el cerebro del hombre es un palimpsesto, donde una información cubre la anterior y la memoria guarda lo que quiere; eso también ocurre en internet, pero en las nubes.

Roberto Casati, en Elogio del papel utiliza la provocación para insinuar que lo que no se escribe en la pulpa de celulosa no es lectura. Según el italiano, la diferencia entre un libro y un texto de internet es la misma que hay entre la tarta Sacher -chocolate, nata, cremas- y una plato de verduras. Acceder a internet no es leer, es fisgar, husmear. Pero Enrique Dans escribe que el revuelo de los papeles de Panamá va a tener impacto en la redefinición del nuevo periodismo, donde la información debe ser categorizada, etiquetada y organizada por nuevos periodistas, gestores de información, que tratan herramientas muy alejadas de las que hasta ahora utilizaban los reporteros. Estamos ya en la era digital. Ni el papel ni el estilo ni el talento serán esenciales para la distribución de noticias. Así que entreguemos nuestro cuerpo a las nuevas tecnologías. Sin embargo, mientras agonizamos, podrían explicarnos por qué un lector de papel -en términos publicitarios- aún vale 30 veces más que un lector digital. Y por qué aquel entusiasmo, aquel don del cielo, aquella exaltación contra el papel se ha amortiguado.

Seguramente, cuando la oruga sea ya una mariposa, los periódicos tendrán que mostrar unos ejemplares clásicos para autentificar las informaciones, porque la escritura y el papel contienen aspectos sublimes, quizás demoniacos, para los no nativos digitales.

http://www.elmundo.es/opinion

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