La peste y el cólera

Fiasco. A fin de cuentas el enfrentamiento Clinton-Trump convocó una audiencia notablemente inferior al de Paquiao-Mayweather. Natural. Éste último era bastante menos predecible que el primero. Y menos “asimétrico”, también.

 Resultado de imagen para debate trump hillary

 

En primer lugar, el aspirante republicano es un recién llegado a la política propiamente dicha. Un “perro” como les llamábamos hace medio siglo a quienes acababan de ingresar a la universidad. Pero Trump también es perro en otros sentidos. Es un auténtico bull terrier, que no dudó ni tantito en saltar al cuello de una indefensa Hillary que quiso jugar el papel de la abuelita buena onda que celebra el segundo cumpleaños de su nieta.

En ese sentido, la novatez no puede no ser una ventaja. No hay manera de reprocharle un pasado, pues ese pasado, en el plano político no existe. En cambio nuestra Hillary tiene una auténtica cola de mapache, que ruega a gritos ser pisada. Primero como senadora bajo el mandato de George W. y después como Secretaria de Estado de Obama.

De manera que, por pasiva o por activa, se le pueden achacar varios de los graves tropiezos y omisiones que puntearon este último doble cuatrienio, que no son pocos. También, deberían atribuírsele algunos méritos, sin duda. Pero siempre es complicado hablar bien de uno mismo. El autoelogio es denuesto. Y el contrincante no los va ni a sugerir.

Es verdad que la gran crisis inmobiliaria de 2009, el primero de la administración Obama, fue heredada del régimen anterior. El terrible colapso de la banca Lehman Brothers tiene lugar apenas unos días antes de las elecciones presidenciales, lo cual parece lógico contribuyó de manera considerable a la victoria demócrata.

Sin embargo el desastre de las hipotecas subprime y la funesta burbuja inmobiliaria que lo acompañó, son en buena medida responsabilidad del nuevo gobierno, del cual la secretaria Clinton formaba parte, y aunque no constituía su responsabilidad directa, es indiscutible que la política exterior agravó las consecuencias de la crisis.

Todo ello no podía ser pasado por alto de parte del aspirante republicano. Y no lo pasó. El güero puso el énfasis en la necesidad de aminorar la fuga de capitales que la mano de obra barata en el extranjero propicia, y que las medidas tomadas por Barack Obama para enfrentar la debacle, no hicieron sino estimular.

Hillary apostó por la clase media, mientras Trump lo hizo por los empresarios. Eso es todo. Ya lo sabíamos. En otras palabras, para ella los asalariados y los pequeños propietarios son el futuro de la nación y la garantía del bienestar. El acendrado tópico del Self made man (supongo que ella ha de ensalsar la Self made woman).

Él en cambio sostiene que ese bienestar dependerá de las grandes inversiones, de la audacia hacendaria que permita la fundación del mayor número de empresas importantes, con el correspondiente aumento de los puestos de trabajo. Para ello es preciso disminuir los impuestos internos y gravar las importaciones.

Disminuir la carga fiscal permite ciertamente aumentar salarios, pero al mismo tiempo reduce el margen de prestaciones sociales. Al monetarismo descarado de Trump se opone el estira y afloja, no menos descarado, de la Clinton.  Ése es todo el meollo.

Así dicho, los términos del debate son bastante nítidos. Donde las cosas se complican, como siempre, es en los matices. Tal como apunté más arriba, el elector gringo deberá elegir entre la mano dura y enérgica de Trump, y la suave y tranquilizadora de la Clinton. ¿Es tiempo del rigor y la severidad, o de la flexibilidad y la avenencia?

La guerra sucia, los infundios recíprocos, los rumores acerca de las repercusiones nocivas sobre los sueldos y el nivel de vida, de uno y otro lado, las zancadillas constantes y la utilización amañada de los sondeos, no han hecho sino enturbiar estos términos, y obligar a los respectivos equipos de campaña a renovar y remozar sus estrategias.  

Para lograr adhesiones necesitan establecer el mecanismo operacional suficiente, decidir el dispositivo óptimo sin menospreciar aquellas nocivas especies referentes al salario. Mientras intentan vadear invectivas, vuelven ociosas las encuestas manipuladas o sesgadas.

En el plano de la seguridad tanto interna como internacional los parámetros son equivalentes. La disyuntiva es tan clara como irresoluble: ¿El ciudadano se sentirá más seguro si existe la posibilidad de adquirir armas, o al contrario? Obviamente la carta fuerte de Trump también aquí es la fuerza. Es decir, la primera de las dos alternativas, tanto dentro como fuera. Sin discusión.

Sin embargo las cosas se complican al considerar el papel de Hillary Clinton. Debajo de su aspecto de paloma se esconde, sin demasiado éxito, un halcón. Durante sus ocho años de senadora apoyó sin ambajes la política belicista de Bush. Estuvo por las invasiones a Irak y a Afganistán. Ahora lo está por la de Siria. Donald Trump en cambio aboga por el entendimiento con la nueva Rusia, tan beligerante como la antigua, la soviética, y por las negociaciones de paz en Oriente Medio. Entiéndalo usted si puede, agudo lector. Los discursos se complican y se muerden la cola.

Curiosamente la cuestión de la inmigración, los indocumentados y el famoso muro, quedaron en segundo plano y ocuparon un espacio mucho menor del esperado. Yo prefiero, para abordarlo, esperarme para el segundo debate, de aquí a unos días. Por lo visto ellos también.

En todo caso no me negará usted que no deja de ser tranquilizante el que no esté en nuestras manos escoger entre la peste y el cólera. 

MARCELINO PERELLO

http://www.excelsior.com.mx/opinion

Deja un comentario