¡Qué pena con las visitas!

El asesinato de la ciudadana española es el reflejo del México bronco en el que vivimos.

Resultado de imagen para María Villar asesinada

La vida de una española de ninguna manera vale más que la de cualquier mexicana. Lo asqueroso es que en este país se tenga que vivir con miedo. Que a una mujer, exitosa, trabajadora y en la plenitud de su vida sentimental y laboral, la maten y la tiren en el lugar de donde proviene la clase política dominante de nuestro país, el Estado de México, es una mentada de madre absoluta. Resulta indignante que una mujer que fue secuestrada en la Ciudad de México pasó por cajeros, la llevaron por la carretera y su cadáver lo tiraron en  Santiago Tianguistenco. Eso quiere decir que pasó por la policía capitalina, la federal, la estatal del Edomex y la municipal de Santiago. ¿Ningún cuerpo policial pudo detectar lo que pasaba? ¿Ninguna corporación estuvo atenta? ¿Estaban coludidos con los asesinos? Las respuestas a estas preguntas son inocuas. Es decir, valen un carajo.

Entiendo que el secuestro y posterior homicidio de María Villar pudo ser una circunstancia. Percepción es realidad. Entiendo que este delito no refleja, quizá, la realidad de la lucha en contra del crimen organizado en México. Hace unos días el ministro del Interior de España dijo que entabló conversaciones con un funcionario mexicano, quien le dijo que este tipo de casos era normal y que quizá la liberarían a la brevedad. Eso es un monumento a la estupidez y  a la incompetencia. Más humillante resultan las declaraciones del canciller hispano, haciendo un llamado a sus conciudadanos, pidiendo que, cuando vengan a nuestro país, avisen de su ubicación al consulado, por, si sucede una desgracia, tenerlos ubicados. ¡Qué pena con las visitas! Qué vergüenza. Puede ser una casualidad el asunto de la española, por cierto, sobrina del presidente de la Federación Española de Futbol, pero nos desnuda, nos deja en nuestra dimensión, somos un país bronco, peligroso y con una impunidad tremenda que no para y que lastima.

Qué demonios puede motivar a un hijo de la…. madre que lo parió a matar por dinero a una mujer, 65 mil pesos o dos millones. ¿Quién carajo puede tener entrañas tan asquerosas? ¿Dónde perdimos el rumbo como país y como sociedad? Puedo asegurar que la impunidad ha motivado que cualquier estúpido sienta que matar no tiene consecuencias. La impunidad reina, navegando entre la incompetencia y la complicidad de las autoridades. ¡Un asco, carajo!

Siendo padre de dos hijas, me he imaginado y pensado mil veces el miedo, el pánico y la desolación de una mujer de 39 años en manos de unos desalmados. Minutos, horas de desesperación. Lágrimas, súplicas y al final la muerte a partir de la asfixia. ¡Malditos! Gente de mierda. Estoy, como padre de mujeres, asqueado de tanto dolor innecesario. Del abuso y del crimen.

Mientras todo esto pasa, nuestros gobiernos de todos los niveles siguen en el discurso vacío. Ahora, seguramente, los discursos oficiales navegarán en la ignorancia de los hechos y el discurso se centrará en que éstos no afectan ni la imagen ni el turismo de nuestro país. Gran trabajo tiene la canciller para tratar de reconstruir la imagen del país en el extranjero.

FRANCISCO ZEA

http://www.excelsior.com.mx/opinion

Deja un comentario