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El Libro del Tao es uno de los más populares –e históricamente útiles– textos sagrados. La tradición atribuye su autoría a Lao-Tse, filósofo del siglo V antes de nuestra era, pero en realidad todo indica que se trata de una compilación colectiva de enseñanzas morales y religiosas que dominaron aquella época.

El Tao Te Ching, como también se le conoce, sobrevivió hasta nuestra época gracias a que se convirtió en un texto sumamente influyente, acaso por su estilo, que oscila entre la abstracción y la practicidad, la sencillez de los preceptos pero también la ambición de sus promesas. Aunque el Libro del Tao nos habla de la vacuidad o del poder divino, sus enseñanzas en general están orientadas a un propósito muy simple de enunciar: una vida tranquila, en paz, sabia.

Por esta razón es posible condensar sus lecciones en un puñado de preceptos. ¿Se trata de una simplificación? Aunque quizá a algunos les parezca excesivo, la verdad es que es posible. En general el pensamiento occidental y su visión predominantemente dual de la existencia nos hacen creer que es complicado vivir, cuando en realidad esto podría ser sencillo. Nuestra brújula existencial podría seguir unos cuantos puntos cardinales que, por otro lado, son aquellos sobre los que han insistido tantos grandes maestros: el amor, la compasión, el respeto por todos los seres, la integridad. Si lo pensamos bien, en el fondo sabemos cómo vivir, pero extrañamente no lo ponemos en práctica. ¿Por qué?

A continuación compartimos estas cuatro lecciones inspiradas en el Libro del Tao. Si crees que podría haber otras que redondean estas enseñanzas, no dejes de comentarlas con nosotros en nuestras redes sociales.

 

  1. Ama la vida, en todas sus formas

La primera regla está relacionada con el respeto que debemos hacia la vida. Vivir es una oportunidad que se intensifica cuando nos damos cuenta de que somos algunos de los pocos privilegiados que lo hacen con conciencia. El poeta Mark Strand llegó a decir que “somos, hasta donde sabemos, la única parte del universo consciente de sí; podríamos incluso ser la forma consciente del universo”, lo cual parece bastar para reverenciar la vida, honorarla, aprovecharla tanto como sea posible y agradecer todo momento.

 

  1. Sé sincero, contigo mismo y con los demás

Si dices lo que piensas y haces lo que dices, entonces estarás de lleno en tu propio camino. Ser impecable y congruente hará que tu vida sea tranquila e íntegra.

 

  1. Sé compasivo

La gentileza y la amabilidad son también necesarias en la medida en que nuestra existencia ocurre siempre junto con la de otros. Cuando te das cuenta de que cada cual libra sus propias batallas, que cada uno sufre a su propio modo, que todos somos buenos en algo diferente al mismo tiempo que otras cosas se nos dificultan, reconoces también que nadie es más importante que otra persona, ni mejor ni superior. Todos, en cierta forma, somos como todos los demás, pero cada cual en sus propios términos. Y esto que parece complicado se resuelve, prácticamente, en una sola consigna: la compasión como forma de vida.

 

  1. Ayuda

El desarrollo de la humanidad, en todos los ámbitos y desde cualquier perspectiva, no se explica sin la red de vínculos que hemos tejido entre nosotros. Nuestra familia, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo, nuestros vecinos: todos necesitan de nosotros y a su vez nosotros necesitamos de ellos. Ayudar implica reconocer que no somos capaces de todo y también es un gran ejercicio espiritual, pues da lugar al otro en nuestra vida, nos hace escucharlo, reconocerlo en su dificultad, y nos abre la posibilidad de asistirlo –y lo mismo si somos nosotros quienes reconocemos que necesitamos ayuda.

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