El celuloide ha servido en repetidas ocasiones para devolver la vida a un artista famoso. Si bien ciertas recreaciones pueden ser deficientes y dejan mucho que desear, otras en cambio son verdaderas obras maestras. A la hora de remitir fílmicamente a los creadores que han hecho historia, se puede recurrir a su persona o a su obra; pero también han existido piezas que recuperan lo mejor de ambas, como es el caso de Nightwatching (2007) de Peter Greenaway, sublime adaptación de la vida y obra del pintor holandés Rembrandt van Rijn. Ejemplos como este se podrían encontrar a lo largo de la historia del cine, pero nunca hasta ahora habíamos visto algo parecido a lo que ofrece el cortometraje Beauty (2013) de Rino Stefano (Milán, 1980).

115 obras maestras de la pintura integran esta animación digital de 9 minutos. Se exhiben piezas que ilustran los temas del paisaje, retrato, desnudo y mitología, entre las que abundan decenas de obras de William-Adolphe Bouguereau, pintor neoclásico francés que encarnó al óleo hermosos ángeles, ninfas y niñas de belleza inmaculada. En la animación también se incluyen obras de Tiziano, Correggio, Caravaggio, Géricault, Rubens, Doré, Rembrandt y Friedrich. En síntesis, la animación concede unos segundos de vida a muchas de las pinturas más representativas en la historia del arte Renacentista, Barroco, Flamenco, Neoclásico y Romántico.

La aventura animada comienza con un extracto del soneto XIX de Shakespeare, que indaga sobre el tiempo y su naturaleza inquebrantable, atinada apertura que nos hace reflexionar sobre la belleza de la impermanencia, desde el momento inicial se deleita al espectador hasta el final de la animación. La música y el sonido de Beauty son obra de Enrico Ascoli. Su notable labor complementa el halo mágico que posee la primera mitad del video, acentúa el tenebrismo de la segunda parte y marca las acciones de los personajes.

Obras como ésta, en que se combina lo mejor del arte tradicional con la tecnología del momento, nos hacen reflexionar en torno a lo fructífero que resulta el dialogo creativo con el pasado distante y el presente. Siempre se podrá sacar provecho aprendiendo de la historia, reconfigurándola y reinterpretándola en pos de un futuro inspirado.

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