Aceite de palma: el actor secundario que acompaña al “villano del azúcar”

Aceite de palma: el actor secundario que acompaña al "villano del azúcar"

Hace meses que se viene alertando de manera general sobre el excesivo consumo de azúcares añadidos en nuestra dieta, causantes en parte de la creciente tasa de obesidad en todo el mundo y de las enfermedades asociadas a ella. Sin embargo, el azúcar no es el único ingrediente que debemos controlar si lo que nos preocupa es nuestra salud: el aceite de palma se encuentra también en el punto de mira de los consumidores.

Si nos fijamos en la etiqueta nutricional y en el listado de ingredientes de los productos procesados que encontramos en el supermercado, veremos que en muchos de ellos, tanto dirigidos específicamente al público infantil como a la población general, figura el famoso aceite de palma.

¿Es el aceite de palma perjudicial para nuestra salud? ¿Deberíamos eliminarlo (o, al menos, restringir su consumo) en nuestra dieta? Te contamos todo lo que necesitas saber.

¿Qué es el aceite de palma?

El aceite de palma es un aceite de origen vegetal proveniente de la palma aceitera. Hasta ahí todo bien: conocemos otros tipos de aceites vegetales (el aceite de oliva, sin ir más lejos) que son beneficiosos para nuestra salud. La clave está en que el aceite de palma en su composición cuenta con un 50% de grasas saturadas (un porcentaje bastante alto sobre todo si lo comparamos con el contenido de otros aceites vegetales, que suele estar en torno al 15%), y su consumo excesivo se relaciona principalmente con posibles problemas cardiovasculares al elevar la cantidad de colesterol LDL en nuestra sangre.

El aceite de palma se lleva cultivando y consumiendo desde hace siglos en África, como nos dicen en el blog Carro de combate (recomendamos la lecturas de sus numerosos artículos sobre este ingrediente) y ha entrado en nuestro mercado recientemente. Pero, eso sí, de manera masiva.

¿Cuánto aceite de palma puedo consumir?

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Al hablar de alimentación saludable, la Organización Mundial de la Salud recomienda explícitamente limitar el consumo de grasas a un 30% de nuestra alimentación y optar siempre que sea posible por las grasas no saturadas (frutos secos, aguacate) en lugar de las saturadas, entre las que cita al aceite de palma.

Hasta el año 2014 en las etiquetas de los alimentos era posible hablar de “grasas vegetales” en general, sin especificar si estas provenían del aceite de oliva, del de girasol o del de palma (entre otros): ahora mismo es obligatorio declarar en la etiqueta de dónde procede exactamente el aceite o grasa vegetal que estamos consumiendo, por lo que en los listados de ingredientes debemos encontrar literalmente el nombre “aceite de palma” (también lo podemos encontrar bajo el nombre “palmoleina” o “aceite de palmiste”) si ese producto lo contiene.

El problema principal es que el aceite de palma se encuentra en grandes cantidades en los productos procesados que consumimos, sobre todo en el caso de la bollería industrial (en bollos y galletas suele aparecer casi siempre como segundo ingrediente por detrás de las harinas), snacks salados, barritas energéticas, cereales de desayuno, platos precocinados, helados…

Esto hace que si nuestra alimentación es rica en productos procesados (desplazando así otras opciones alimentarias con un mejor perfil nutricional) al final del día hayamos consumido una cantidad bastante alta de aceite de palma, con las consecuencias que esto puede tener para nuestra salud.

¿Por qué se utiliza el aceite de palma?

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Siempre que nos encontramos con un ingrediente que puede resultar lesivo para nuestra salud nos hacemos la misma pregunta: “si realmente es tan malo, ¿por qué lo llevan tantos productos?”. Al igual que ocurre en el caso del azúcar, esto suele deberse a dos razones: es palatable (hace que el producto que lo contiene sea más “sabroso”) y además es muy barato en relación con otras opciones más saludables. No debemos perder de vista que la industria alimentaria es, ante todo, industria, y como todas las demás buscan su beneficio dentro de los márgenes de la legalidad (porque sí es legal que un producto alimentario contenga aceite de palma).

El aceite de palma es el más utilizado en nuestros días, muy por delante de otro tipo de aceites vegetales como el de oliva, el de coco o el de girasol. Además de ser barato, como indica Juan Revenga en este post publicado en El Comidista, el aceite de palma se mantiene sólido a una temperatura ambiente (no así el aceite de oliva, por ejemplo), algo que lo hace especialmente interesante para la industria.

Cómo puedo reducir el consumo de aceite de palma

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Una vez más, y como hemos dicho en numerosas ocasiones, la mejor forma de mantenernos a salvo tanto del aceite de palma como de otros ingredientes no muy deseables como el azúcar añadido, es basando nuestra alimentación en alimentos en lugar de en productos. El riesgo en el consumo del aceite de palma aparece cuando se realiza un consumo excesivo del mismo, algo que podría llegar a pasar si son los productos procesados los que forman parte de la base de nuestra alimentación.

Hacer la compra en el mercado es el primer paso, realizando siempre elecciones responsables tanto con nuestra salud como con el ecosistema: tampoco podemos olvidar que el cultivo de la palma aceitera, la planta de la que se obtiene el aceite de palma, es el principal responsable de la deforestación de las selvas tropicales, especialmente en las zonas de Malasia e Indonesia, donde este cultivo emite grandes cantidades de CO2 a la atmósfera.

A la hora de comprar productos procesados, insistimos en la importancia de leer tanto la etiqueta nutricional como el listado de ingredientes para ser conscientes de lo que estamos comprando y de lo que estamos comiendo. Un consumidor informado es un consumidor que puede tomar las decisiones que considere necesarias con responsabilidad.

Imágenes | iStock

https://www.vitonica.com/alimentos

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