Poema 83

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Una y otra vez

errábamos.

¿Cómo caimanes?

¿Cómo judías verdes?

Como ciegas tortugas

se repetía

el mismo proceso

de atardecer y lodo.

Se anunciaba

Enseguida,

muy pronto,

el galope

de los insultos desdichados

y aparecía, entre tablones,

el siempre inocente

reflejo del vaso

y la cuchara,

posados en  la

cara campesina

del modesto mantel de

Casa Manolo.

Presagio ya

del colérico

y demencial baile

de banalidades

y babas.

Conociendo ya

,de antemano,

aburridamente,

los endebles

soportes

del embate sin fe.

Broches de latón

y brochas viejas

de una fatigosa

liza.

Liza sin arco.

Liza sin fin.

Caracteres tan conocidos

como la naturaleza

de los zapatos usados

y las sábanas caseras.

Una violencia,

en suma,

de corazón desvencijado

a corazón sin sol.

Así discurría,

sin honor,

la violenta

ceremonia

que anunciándose

como un nuevo clarín

guardaba

en su interior,

la voz recalentada.

La ira

desafinada

por la reiteración,

el argumento

ahíto

por acumulación.

Un sofocante

son, por tanto,

desprendía

este momento

hasta hacer

sangrar despaciosamente.

Otra vez,

un charco

morado

anegaba

los platos.

Una hemorragia

azul, sin fe,

empapaba

los textiles

de comer.

Un enjambre

de falsas

medallas sin mérito

caían sobre el menú.

Idea atufante

de un delirio

ante un imaginario tribunal

tan agotado y adormecido

por la reiterada

especie humana.

O la presencia

 inane ya

del amor o la razón,

entre seres que se amaron

y mordieron la carne

apasionados.

Remedos baratos hoy

de verdugo

y víctima

en el pobre entorno

de croquetas y mollejas.

Sede popular

donde unas

mandíbulas de cartón

triscaban el reclamo

de la banalidad.

El vicio humano

por complacerse

en el error. 

Hay momentos 

en que ansiamos

ayuda.

Pedimos

auxilio

mientras

la voz afónica

del alma interior

no nos responde.

Pero quehaceres

sin plazo  

ni radiantes

ocupan

a amigos y parientes,

enfoscados en su

propiedad general.

El socorro

 embarranca

así entre las abruptas

paredes de un

imaginario 

túnel conductor.

Un conducto

difícil o adverso

por donde apenas discurre

un imaginario

filo de agua

Ahora embarrada.

Eso vemos.

El auxilio silba.

patina sobre sí

y no llega.

El oído se acaba.

La mente se diseca.  

VICENTE VERDÚ

http://www.elboomeran.com/blog/11/blog-de-vicente-verdu/

Pintura de Vicente Verdú

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