“Confieso que he violado” ¿Sabes que Neruda violó a una joven tamil?

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Las memorias de Pablo Neruda relatan su verano de 1929, cuando el poeta chileno era cónsul de Ceilán a los 25 años. Allí  vivió en un bungalow de Wellawatha, en Colombo.

La periodista Carla Moreno Saldías, autora de la columna “Confieso que he violado”, rescata un capítulo de “Confieso que he vivido” en la que el mismo poeta describe la violación. Es en ese texto, “donde Neruda cuenta cómo violó a la mujer que le limpiaba la mierda mientras él ocupaba el cargo de Cónsul en Colombo”.

Carla Moreno reprocha que se haya mantenido fuera del debate público la violación llevada a cabo por Neruda:

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“Ni cuando el hecho ocurrió, ni cuando se publicó el libro, ni ahora. La sociedad finge que condena cosas como la violación y el femicidio, pero en realidad no lo hace. A los hombres se les enseña a vivir su sexualidad objetivando a las mujeres, y a las mujeres se nos enseña a ser buenos objetos. La violación o el femicidio no son más que el “extremo” de esa lógica. Un hombre que viola es simplemente un macho al que “se le pasó la mano”, mientras estaba cumpliendo su deber de hombre. Un hombre que mata a su esposa, lo mismo”, argumenta.

 

Para la autora que un hombre blanco y con poder puede incluir el relato de una violación como una anécdota más de sus memorias, y no pase nada, es consecuencia de esa naturalizada cultura de la violación y el racismo.

El relato completo

“Mi solitario y aislado bungalow estaba lejos de toda urbanización. Cuando yo lo alquilé traté de saber en dónde se hallaba el excusado que no se veía por ninguna parte. En efecto, quedaba muy lejos de la ducha; hacia el fondo de la casa.

Lo examiné con curiosidad. Era una caja de madera con un agujero al centro, muy similar al artefacto que conocí en mi infancia campesina, en mi país. Pero los nuestros se situaban sobre un pozo profundo o sobre una corriente de agua. Aquí el depósito era un simple cubo de metal bajo el agujero redondo.

El cubo amanecía limpio cada día sin que yo me diera cuenta de cómo desaparecía su contenido.

Una mañana me había levantado más temprano que de costumbre. Me quedé asombrado mirando lo que pasaba.
Entró por el fondo de la casa, como una estatua oscura que caminara, la mujer más bella que había visto hasta entonces en Ceilán, de la raza tamil, de la casta de los parias.(1) Iba vestida con un sari rojo y dorado, de la tela más burda. En los pies descalzos llevaba pesadas ajorcas. A cada lado de la nariz le brillaban dos puntitos rojos. Serían vidrios ordinarios, pero en ella parecían rubíes.

Se dirigió con paso solemne hacia el retrete, sin mirarme siquiera, sin darse por aludida de mi existencia, y desapareció con el sórdido receptáculo sobre la cabeza, alejándose con su paso de diosa.

Era tan bella que a pesar de su humilde oficio me dejó preocupado. Como si se tratara de un animal huraño, llegado de la jungla, pertenecía a otra existencia, a un mundo separado(2). La llamé sin resultado.

Después alguna vez le dejé en su camino algún regalo, seda o fruta. Ella pasaba sin oír ni mirar. Aquel trayecto miserable había sido convertido por su oscura belleza en la obligatoria ceremonia de una reina indiferente.(3)

Una mañana, decidido a todo (4), la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara (5) No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama.(6) Su delgadísima cintura, sus plenas caderas, las desbordantes copas de sus senos, la hacían igual a las milenarias esculturas del sur de la India. El encuentro fue el de un hombre con una estatua.(7) Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible(8). Hacía bien en despreciarme(9). No se repitió la experiencia”.

Texto extraído de “Confieso que he vivido”, libro de memorias de Pablo Neruda. Página 44: http://ww2.educarchile.cl/…/File/articles-101760_Archivo.pdf

(1) Los Parias (o Dalits), son el eslabón más bajo del sistema de castas de la India. Según las creencias hindúes, son personas que no pertenecen a ninguna casta. A los parias solo se les permite realizar trabajos marginales, y son frecuentemente víctimas de crímenes como asesinatos, linchamientos o violaciones.

(2) No una persona, no un igual.

(3) A Neruda no parece importarle lo que pensaba o quería ella de él.

(4) Para tener sexo con ella.

(5) No le sonrió, no buscó gustarle, ni comunicarse con ella de alguna forma. Solo se asegura de que a ella no le queden dudas.

(6, 7 y 8) ¿Consentimiento?

(9) “Soy un loquillo”.

http://www.tribunafeminista.org

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