LACRIMAE RERUM O LAS LÁGRIMAS DE LAS COSAS

Existe un verso en el libro primero de la Eneida del poeta latino Virgilio que, cual misterioso enigma venido del pasado, ha fascinado a escritores, académicos y pensadores de todas las épocas: lacrimae rerum, que podría traducirse como “las lágrimas de las cosas”.

En un pasaje de la gran épica latina que Borges describe como un hecho “casi mágico” (en el libro 1, verso 462), parado en un templo a la diosa Juno en Cartago, el héroe troyano Eneas observa un mural en el que se representan las batallas ocurridas tiempo atrás, en Troya. Al observar a sus antepasados y compatriotas luchando y perdiendo la vida en la legendaria guerra troyana, conmovido, el héroe exclama “sunt lacrimae rerum et mentem mortalia tangunt” (“existen lágrimas de las cosas y cuestiones mortales tocan la mente”).

Estudiosos de la Eneida encuentran dos posibles traducciones a esta frase: “las lágrimas de las cosas” o, mucho menos poética y más esteril, “lágrimas por las cosas”. La tentación de interpretar la frase según la primera interpretación, ha llevado a poetas de la talla del irlandés Seamus Heaney a traducir el legendario verso de la Eneida como “There are tears at the heart of things” (“Existen lágrimas en el corazón de las cosas”). Esta posible lectura nos abre, entonces, una serie de posibilidades con implicaciones tan poéticas como melancólicas.

Similar al concepto japonés mono no aware (la tristeza de las cosas), esta posible traducción de lacrimae rerum habla de un universo material personificado que nos acompaña, sufre con nosotros e incluso es capaz de verter la materialización más pura de la tristeza humana, las lágrimas. La idea también podría acercarnos al antiguo concepto del anima mundi, o el alma del mundo.

La misteriosa ambivalencia de la frase de Virgilio, acaso intencional, llena de riqueza poética a los versos de la Eneida que son, probablemente, las líneas más hermosas y cargadas de significado de la poesía latina; y la idea de que las cosas sufren con nosotros —de que existen lágrimas de las cosas, lágrimas del tiempo y lágrimas del universo— es capaz de dotar nuestra existencia y nuestra relación con el universo de magia y una solemne dignidad; a fin de cuentas sugiere la posibilidad de que el cosmos nos acompaña en esos momentos, los más duros, de nuestra existencia.

 

*Imagen: Ivan Aivazovsky, The Ninth Wave, 1850 – Dominio Público

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