LAS 7 VIDAS DE GATA CATTANA

Ana Isabel García, más conocida como Gata Catana, falleció repentinamente a los 26 años de edad, dejando tras de sí una prometedora carrera artística apoyada en la poesía y la música.

Texto por Alfonso Gil Royo

 

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Foto por Silvia de la Rosa
Siempre se ha dicho que es fácil y oportunista hablar bien de alguien cuando se va, pero lo cierto es que cuando uno escuchaba o leía a Ana sabía que estaba ante una persona especial, con una sensibilidad diferente, capaz de valorar la belleza por encima las demás cosas:

“Creo que la poesía (como la fotografía o la pintura) son formas de mirar la realidad, buscar el detalle poético que hay en el día a día, o más que buscarlo, percibirlo, recibirlo.Darse cuenta de la belleza que hay en el mundo y saber captarla, ya sea con rimas, con verso libre o con imágenes” decía hace poco en una entrevista en Mondosonoro.


Desafortunadamente con Gata Cattana no se cumplió el mito de las siete vidas de los felinos, una complicación cardiaca se lo ha impedido, pero la cordobesa nos deja como herencia un interesante legado tanto musical, con tres EPs (Anclas, Inéditas 2015 y Los siete contra Tebas), como literato con el poemario La escala de Mohs (Homostultus Ediciones, 2016).

Aunque lo más trágico, artísticamente hablando, claro, es que se encontraba grabando su primer larga duración, Banzai, que iba a publicarse este 2017 y que debía quitarle el cartel de promesa para convertirla en artista consagrada. El final le ha llegado cuando estaba en su mejor momento, cuando estaba cumpliendo su sueño.


Porque muchos veían en ella el futuro del hiphop femenino en España. Se la comparaba con La Mala Rodríguez, quizá por la mezcla de flamenco y rap, pero lo cierto es que el mayor parecido que tenía con la gaditana era su energía y su fuerte personalidad.

Representaba, además, esa nueva generación del rap que ha conseguido quitarse los clichés que anclaban a esta música, dándole más importancia a las emociones transmitidas que a la métrica o el propio estilo: “El rap que hago pretendo que sea útil para la gente que lo escucha. Intento que sea rico en metáforas, jerga, recursos… y que aporte algo de valor, que llegue al fondo de las personas y remueva espíritus y conciencias”

Y lo hacía otorgándole una vertiente poética que no es siempre es fácil de encajar en la música. Pero a Ana Sforza (uno de los apodos que utilizaba) no le asustaba el reto. Ella se definía como “rapeadora de noche, poetisa de día y politóloga a ratos” y sabía nutrirse de los recursos poéticos que aprendió participando en concursos de slam poetry.

Y no sólo eso, si no que sus letras también tenían una fuerte carga social, con reivindicaciones y reflexiones propias de una graduada en Ciencias Políticas y estudiante de Política Internacional.

“Creo que el arte trasciende a la propia muerte; hay artistas que siguen estando muy vivos a través de su obra y, sobre todo, siguen siendo útiles para las personas. No sé si eso es la inmortalidad, pero sí que es lo verdaderamente importante” dijo la propia Ana en otra entrevista en Vice. No le faltaba razón pese al infortunio y la desdicha que le aguardaba.

Pero seguiremos su consejo. Nos deja tristeza por la pérdida personal y la espina de saber hasta dónde había podido llegar con su talento, pero nos queda el consuelo de poder seguir disfrutando de su arte. Descanse en paz.

Texto por Alfonso Gil Royo 

http://culturainquieta.com/es/arte/musica/item/11671

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