Penúltimos nazis en la Tierra

La verdad de los nazis no se extingue con su muerte

Michael Karkoc, excomandante de las SS, en 2014.
Michael Karkoc, excomandante de las SS, en 2014. RICHARD SENNOTT AP
Michael Karkoc, excomandante de las SS, en 2014. RICHARD SENNOTT APEn una entrevista que le hizo Der Spiegel en 2005, Oskar Gröning dijo que él había sido “una pieza más del engranaje” del nazismo. Es una expresión conocida: actúa como disolvente. Para entonces Gröning tenía 83 años y había sido encontrado cerca de Hamburgo; medio siglo antes se ocupaba de registrar las pertenencias de los prisioneros de Auschwitz. Rehabilitado tras la guerra (informó de haber pertenecido a las SS, pero no dijo que había estado en Auschwitz) un día discutió con un compañero de un club de filatelia —las ocupaciones posteriores de los nazis suelen tener un punto poético y son comunes a las de terroristas: el etarra Antxon coleccionaba mariposas—. En ese club un hombre se quejó a Gröning de que el negacionismo fuese ilegal y le dio un panfleto que Gröning devolvió con frases suyas a mano: “Yo vi todo, las cámaras de gas, las cremaciones, el proceso de selección. Un millón y medio de judíos fueron asesinados en Auschwitz. Yo estuve allí”.
 

Gröning salió a la luz, reconoció su responsabilidad en el juicio, dijo que nunca había matado a nadie y se declaró parte del sistema, que es el asunto central de Eichmann en Jerusalén y uno de los puntos más incómodos de la burocracia del Estado cuando el Estado se dedica al exterminio. Para callar a un bebé que no paraba de llorar, dijo a Der Spiegel, vio a un soldado de las SS agarrarlo de las piernas y golpearle la cabeza varias veces contra un camión. Ante la percepción de un proceso burocrático inherente a cualquier Estado, en el que todos forman parte de una cadena, el propio Göring desmontaba con su testimonio la excepcionalidad del “engranaje”.

MANUEL JABOIS

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