Relojes, Julio Cortázar y Dominic Wilcox

 

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj
” Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la  muñeca y pasearás contigo. Te regalan- no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un  nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda  todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a  comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj”.
 Julio Cortázar, “Historia de Cronopios y de Famas” .
Ed. Edhasa, 1987. Pág 23.
El inglés Dominic Wilcox es un inventor de artilugios extraños. Aunque tiene más obra,  en esta entrada nos centramos, únicamente, en los relojes que ha creado utilizando unos antiguos a los que coloca una pequeña imaginería de seres pequeñitos de plástico que los transforma y,  finalmente, conserva bajo campanas de cristal.  ¡Especial!

 

La obra gráfica de esta entrada ha sido extraída de la página del autor en donde podréis encontrar más artilugios, textos, vídeos y toda su obra: Aquí
http://olga-totumrevolutum.blogspot.mx

Deja un comentario