VOLUTAS

 manu-espadaAl alba, el sargento saca al poeta de su celda, lo conduce al patio y lo ata al poste, frente al pelotón de fusilamiento.
—¿Una última voluntad? —pregunta el militar con voz altanera.
—Un cigarrillo —suplica el escritor.
El sargento se saca del abrigo un libro de poemas. Lo abre por una página cualquiera y arranca una hoja al azar. La enrolla con violencia, se la mete en la boca al preso y le da fuego.
—¡Fúmatelo, perro! —le ordena con un grito marcial.
El poeta cierra los ojos, aspira una larga calada al folio y espira lentamente. El sargento da la voz de “carguen” mientras el poeta exhala el humo de la hoja. Lo que en un principio parece una voluta circular se acaba transformando en una letra “c”. El militar ordena al pelotón que “apunten”, y el poeta sopla una “o”, y luego una “g”, hasta hilar varias palabras. Versos. Una estrofa.

Cogedme, cogedme.
Dejadme, dejadme,
fieras, hombres, sombras,
soles, flores, mares.

Una leve brisa empuja la poesía lentamente, agolpando los versos frente al pelotón, hasta que un golpe de aire apaga el cigarrillo del poeta.
—¡Fuego! —vocifera el sargento.
El humo entra en los ojos húmedos de los soldados, que leen la última estrofa, inmóviles, en silencio, antes de que el viento se lleve las palabras del último verso…

Cogedme.

Dejadme.

MANU ESPADA

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