Héroes

Otros piensan que, al revés, lo heroico no es morir, sino vivir

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El matador de toros Morante de la Puebla. MARCELO DEL POZO

 

De toda la retórica taurina que, como cada temporada, incendia en estos días las páginas de los periódicos españoles coincidiendo con las principales ferias lo que más me ha llamado la atención es una frase con la que éste presentaba un reportaje sobre los momentos previos a la salida al ruedo de un torero, con todos los tópicos de la ocasión: la capilla, el silencio, los rezos, el puro, las supersticiones… La frase decía textualmente: “Las imágenes, estéticas, estáticas, esenciales, muestran el trance de vestirse (del torero Morante de la Puebla) ¿La mutación de hombre a héroe?…”.

La pregunta quedaba flotando sobre el reportaje, que se acompañaba, en efecto, de imágenes de gran calidad fotográfica, (como, por cierto, también sucedía con el texto; no hace falta estar de acuerdo con los toros para apreciar el valor literario de un reportaje sobre ellos, como no es necesario estarlo con una guerra para apreciar el valor de una crónica con su descripción) y que, como se ha dicho ya, recreaba todos los tópicos de la parafernalia taurina anterior a la salida al ruedo de los toreros. Lo que se planteaba era si éstos son hombres normales o si, por el contrario, se trata de héroes capaces de sobreponerse al miedo como los de las mitologías latina o griega. O sea: si Morante de la Puebla o Padilla, que, para mayor identificación heroica, torea con un parche que le cubre el hueco del ojo que perdió a consecuencia de una cornada, son personas como usted o yo o se trata de superhombres que se atreven a enfrentarse a un toro, lo que les convierte en héroes por más que éste no embista o no se tenga de pie, como a menudo sucede.

Desde Homero y aun antes: desde los primeros textos mesopotámicos que se conservan grabados en piedra o en barro, el héroe ha sido siempre un ideal de la raza humana, pero, salvo en determinados ambientes, su imagen ha evolucionado hacia la normalidad. Y hacia la generalidad. Todo hombre es un héroe por el sencillo hecho de morir, escribió el poeta Nicanor Parra. Otros piensan que, al revés, lo heroico no es morir, sino vivir, y que los verdaderos héroes son el hombre y la mujer comunes que cuidan de su familia y trabajan, cosa que a los taurinos les parecerá muy pobre. Lejos de tales simplificaciones, yo me acojo una vez más a Groucho Marx, quien definió por comparación como a mí jamás se me ocurriría hacerlo el verdadero motivo por el que no me gustan los toros: “Nunca voy a ver películas en las que el pecho del héroe es mayor que el de la heroína”.

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