No olvides mirar para abajo

La vida entraña siempre una constante lucha por la consecución de logros que, desde que uno tuvo uso de razón, soñó conseguir algún día de mayor; y muchos en ese ímpetu constante que tiene los primeros años de nuestra vida, de nuestra juventud, trabajan arduamente para llegar a conseguirlos una veces por méritos propios, otras por demérito del otro y, en muchas ocasiones, por la mano tendida que se acerca a nosotros para poder dar ese salto de calidad en nuestras vidas, en nuestros sueños.


Pero la vida no solo te da regalos en forma de sueños cumplidos, también es bastante común que en las horas postreras, de alguna manera, nos pase una factura a pagar.
 
Por eso, mientras estás en las horas de sol y vas en ascenso en tus pretensiones, cuídate de usar como escalones a aquellos que te tienden esa mano, aquellos que no te preguntan, que no miran a tu pasado sea cual fuere, que te aceptan como eres, a aquellos que, sin buscarlos, los encuentras ‘siempre’, no cuando vienen bien dadas o cuando les ríes las gracias, aquellos que no están solo cuando el interés económico, social, laboral, artístico o de cualquier otro tipo se tercia (de esos que tanto encuentras transitando por las avenidas de la vida); sí, cuídate de no pisar las manos que ahora te aúpan cuando estés iluminado por las auroras.
 
Porque, querido amigo, el ocaso tarde o temprano te llegará y, quizás, necesites de los que pisoteaste para llamarte ‘Don’, ‘Señor’, ‘Usted’, sin tener en cuenta ese origen que quizás fue más feo de lo que quieres que vean y te toque pasar abruptamente por el ‘Tu’, al que todos estamos abocados, donde las soberbias y los orgullos te servirán para poco, seguramente para nada.
 
Como Platón aseveró con acierto “no dejes crecer la hierba en el camino de la amistad”. Ándalo con insistencia y deja que la vida después te juzgue, por lo menos, con indulgencia.
http://elpobrecitohabladorjfr.blogspot.mx

Deja un comentario