Publican cien años después la novela con la que Tolkien superó la guerra

«Beren y Lúthien» es una historia de amor recordada en la lápida de la tumba del autor de «El señor de los anillos»

El escritor J.R.R. Tolkien, autor de «El señor de los anillos»
El escritor J.R.R. Tolkien, autor de «El señor de los anillos» – AP

 

John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973) es el mago inglés que publicó en 1954 «El señor de los anillos», del que se han vendido 150 millones de ejemplares y cuya taquillera saga cinematográfica ganó once premios Oscar. Pero cuando se llega a su biografía suele despacharse con que fue la aburrida vida de un profesor burgués, católico, felizmente casado y padre de cuatro hijos. Un lingüista superdotado, que se divertía inventando idiomas, cuya mayor aventura era divagar con su amigo C.S. Lewis en un pub de Oxford ante unas buenas pintas.

Portada del nuevo libro de Tolkien
Portada del nuevo libro de Tolkien

 

Pero la vida de Tolkien, que murió con 81 años, contiene pasajes más azarosos. Nació en Sudáfrica, donde estaba destinado su padre, un inglés empleado de banca. Allí le picó una araña (las odiaba) y allí murió su progenitor por unas fiebres cuando él solo tenía tres años y se encontraba con su madre y su hermano pasando una estancia en Inglaterra. Luego falleció también su progenitora y quedó al cargo del padre, Francis Xavier Morgan, un sacerdote católico, mitad español mitad galés, al que consideraba su segundo padre.

Además de ser un huérfano que logró salir adelante, Tolkien participó en uno de los hechos más espantosos de la historia de la humanidad: la ofensiva del Somme en Francia, en la que murieron un millón de soldados entre el 1 de julio y el 18 de noviembre de 1916. Fue el epítome de la barbarie de la cruel guerra de trincheras, impulsada por unos imperios decadentes que inmolaron toda a una generación de jóvenes.

El soldado Tolkien

 

Tolkien resultó un soldado reticente. «Tengo demasiada imaginación y poco valor físico», reconocía. Cuando se declaró la guerra y los chicos se alistaban en oleadas embriagados por los fervores nacionalistas, él se escabulló pretextando sus ocupaciones estudiantiles, para oprobio de algunos de sus familiares. Recién casado y a punto de terminar su carrera, no se alistó hasta aprobar sus exámenes finales en julio de 1915.

Tolkien, como soldado
Tolkien, como soldado

 

A comienzos de julio de 1916 llegó al frente del río Somme como teniente en los Fusileros de Lancashire y retornó a Inglaterra el 27 de octubre siguiente, enfermo de lo que se llamaba «la fiebre de las trincheras», provocada por los piojos que proliferaban en aquellos estancamientos insalubres, húmedos y terrosos. Fue licenciado por mala salud y enviado a casa. Su fragilidad lo salvó de una carnicería, en la que nada más llegar perdió a dos de sus mejores amigos. Su batallón quedó prácticamente aniquilado. Más tarde contó que cuando se despidió de su mujer, Edith, sabía que iba a un matadero: «Mataban a jóvenes oficiales a docenas por minuto. Separarme de ella era como ir a la muerte».

Tolkien, que por entonces gastaba bigote castrense, volvió a casa destrozado. Se pasó el invierno de 1916 convaleciendo. «Allí había visto morir a sus amigos. Su interior debía estar tan roto como su físico», ha explicado uno de sus biógrafos, John Garth, a la BBC. En el barrizal de las trincheras, Tolkien, de familia de clase media que llegó a Inglaterra desde Alemania en el siglo XVIII, simpatizó con unas clases bajas que apenas conocía. Los soldados rasos, apodados los Tommy, son la pasta que compone a sus estoicos hobbits.

Demonios bélicos

Para exorcizar los demonios bélicos, Tolkien escribió un cuento de amor y prueba, «Beren y Lúthien», publicado hoy en el Reino Unido, cien años después de salir de su pluma. La historia ya se relata en el «Silmarillion», el largo y complejo libro tolkiniano que viene a ser como su biblia de la Tierra Media. Pero ahora su hijo Christopher, de 92 años, pone al alcance del público la versión primigenia, en una edición en la que además la compara con las revisiones posteriores, pues Tolkien volvió al asunto incluso con un poema en verso. El libro, editado por HarperCollins, cuenta con ilustraciones de Alan Lee, que ya trabajó con Peter Jackson en las películas de «El Señor de los Anillos».

Una de las ilustraciones de Alan Lee
Una de las ilustraciones de Alan Lee– ALAN LEE

 

Beren es un hombre, un mortal, y Lúthien es una elfo inmortal, que por lo tanto le queda grande. El padre de ella está en contra de la relación y somete a Beren a una prueba: solo podrán unirse si logran robar una joya al más temible de los diablos, Melkor, también conocido como Morgoth.

Edith Mary Bratt, la mujer de Tolkien
Edith Mary Bratt, la mujer de Tolkien– ABC

La importancia que tenía esta historia para Tolkien radica en que era un trasunto de su amor por su mujer, Edith Mary Bratt, con la que se casó en marzo de 1916 tras un complicado noviazgo. Durante tres años no pudo verla por orden de su preceptor, el cura católico de sangre española, que rechazaba su relación con una mujer protestante y tres años mayor que él. El sacerdote le impuso que se centrase en sus estudios y rompiese toda relación con ella hasta cumplir los 21 años. Tolkien obedeció. Ni una carta. Pero nada más alcanzar los 21 le pidió su mano. Edith ya estaba comprometida, anillo incluido, pero logró hacerla cambiar de opinión, en una memorable y extraña petición de mano a la sombre de un viaducto ferroviario.

Tolkien creía que él era el Beren de su historia y Edith, la elfo Lúthien. La prueba de ello todavía puede verse en el cementerio de Wolvercote, en Oxford, donde marido y mujer reposan juntos bajo una lápida donde aparecen grabados sus nombres de la Tierra Media: Beren y Lúthien.

Amante de los árboles y el verde, Tolkien recordaba como una epifanía un paseo con Edith por un bosque de East Yorkshire, en el que al llegar a un claro ella se soltó a bailar sobre un prado pintado de flores blancas. «En aquel momento sintió una especia de alegría que antes había sentido, pero que ya nunca volvió a sentir», explica el biógrafo John Garth. Y es que después vino el Somme. La sombra de Mordor que ya nunca lo dejó, ni siquiera en la placidez de sus pipas y sus libros. Edith murió dos años antes que su marido y se convirtió al catolicismo a petición de él y un tanto a regañadientes.

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