BORGES, EL INMORTAL

El inmortal es el título de un cuento escrito por el escritor argentino Jorge Luis Borges. Se publicó por primera vez en 1947, en la revista Anales de Buenos Aires, y dos años después apareció de nuevo en el volumen El aleph, de la editorial Losada.

 A través de múltiples referencias culturales, el relato reflexiona en torno a las paradojas de orden metafísico que tendrían que afrontar los hombres si algún día alcanzaran la inmortalidad.

El cuento está concebido según la estructura «en abismo», es decir, con distintos niveles narrativos (un relato dentro de otro). Tres niveles lo componen:
 
  • En el primero, un narrador describe el proceso mediante el cual se encuentra un manuscrito.
  • El segundo nivel es la transcripción, contada en primera persona por el narrador-protagonista.
  • En el tercero, otro narrador que lee el manuscrito refuta una teoría que proclama su falsedad.

 

 “Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal. 
  He notado que, pese a las religiones, esa convicción es rarísima. Israelitas, cristianos y musulmanes profesan la inmortalidad, pero la veneración que tributan al primer siglo prueba que sólo creen en él, ya que destinan todos los demás, en número infinito, a premiarlo o a castigarlo. 
  Más razonable me parece la rueda de ciertas religiones del Indostán; en esa rueda, que no tiene principio ni fin, cada vida es efecto de la anterior y engendra la siguiente, pero ninguna determina el conjunto… 
  Adoctrinada por un ejercicio de siglos,la república de hombres inmortales había logrado la perfección de la tolerancia y casi del desdén. Sabía que en un plazo infinito le ocurren a todo hombre todas las cosas. Por sus pasadas o futuras virtudes, todo hombre es acreedor a toda bondad, pero también a toda traición, por sus infamias del pasado o del porvenir.
  Así como en los juegos de azar las cifras pares y las cifras impares tienden al equilibrio, así también se anulan y se corrigen el ingenio y la estolidez, y acaso el rústico poema del Cid es el contrapeso exigido por un solo epíteto de las Églogas o por una sentencia de Heráclito. 
   El pensamiento más fugaz obedece a un dibujo invisible y puede coronar, o inaugurar, una forma secreta. Sé de quienes obraban el mal para que en los siglos futuros resultara el bien, o hubiera resultado en los ya pretéritos… 
  Encarados así, todos nuestros actos son justos, pero también son indiferentes. No hay méritos morales o intelectuales. Homero compuso la Odisea; postulado un plazo infinito, con infinitas circunstancias y cambios,lo imposible es no componer, siquiera una vez, la Odisea. 
 Nadie es alguien, un solo hombre inmortal es todos los hombres. Como Cornelio Agrippa, soy dios, soy héroe, soy filósofo, soy demonio y soy mundo, lo cual es una fatigosa manera de decir que no soy…

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 Jorge Luis Borges /El Inmortal /El Aleph
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