Cómo se veía el Nueva York de posguerra en 13 fotografías

 Una ciudad en constante cambio y movimiento como Nueva York es un mundo aparte tal vez para sus mismos habitantes. Ayn Rand, autora rusa que vivió gran parte de su vida en la Gran Manzana, dijo: «La línea del horizonte de Nueva York es un monumento de esplendor al que pirámides o palacios jamás podrán igualar ni aproximarse».

Para hablar acerca de una ciudad no hacen falta los historiadores. La visión verdadera y el significado de su alma la tienen sus habitantes. Lo que ocurre en cada callejuela, lo que alberga cada edificio, lo que se esconde en cada sombra y lo que la luz ilumina nadie lo sabe mejor que los que habitan en ella. Ellos son los verdaderos cronistas de una urbe que va cambiando conforme los años transcurren. Ambos evolucionan a la par. ¿Qué ocurre cuando un antiguo habitante regresa a su ciudad de origen? Seguramente lo que sigue sin cambios lo percibe distinto. Y evidentemente lo que es nuevo le da la impresión de que no debería de estar ahí, como si fuera un elemento invasor y dañino que no corresponde con su realidad. 

 

El shock del reencuentro lo obliga a tomar cartas en el asunto. Mediante una hoja de papel y una pluma puede convertir sus impresiones en historias, mediante un lienzo y un pincel puede convertir su nueva visión en imagen, mediante una cámara fotográfica puede capturar lo nuevo y lo viejo que su ciudad natal le ofrece a su nueva perspectiva.

Cuando el combatiente Todd Webb, de 40 años, regresó a Nueva York después de luchar en la Segunda Guerra Mundial, se enfrentó con una imagen perturbadoramente distinta a la que recordaba sobre la Ciudad de los Rascacielos. Era como haber dejado a una mujer con el cabello rubio y hallarla con el cabello negro a su vuelta. No hubo sentimiento de desilusión sino de sorpresivo reencuentro.

Se decidió a tomar una cámara y explorar las calles de la urbe para captar la vida de sus habitantes y el corazón de cada partícula de concreto con la que Nueva York había sido alzada desde sus inicios. Todd Webb había enfocado en los últimos años la mira de su rifle hacia las tropas enemigas. Ahora decidía hacerlo pero con dirección a sus vecinos, amigos, desconocidos, edificios y todo lo que fuera parte esencial de su ciudad, la cual sentía perdida, extraviada, tal vez un poco ajena. La cámara podía ser el mejor remedio para entenderla y recuperarla. Para volver a ser él con ella, tal como pasaba antes de que partiera al frente de batalla.

Las imágenes que contemplas nacen de la misma lente de Todd Webb. A lo largo del tiempo que pasó retratando la ciudad se rodeó de varios de los mejores artistas de la fotografía para aprender de ellos las mejores técnicas. Así fue como pudo llevar a cabo una obra donde Nueva York luce tanto impresionante y esplendorosa como apática y oscura. Todas las ciudades llevan algo de ello en su seno. Sólo unos años después de sacar imágenes de lo que veía, expuso la primera parte de su reciente obra: “I See a City”. Las imágenes brillan por su sencillez y cotidianeidad lo cual, sin embargo, les da más fuerza y realismo. De esa manera es mucho más sencillo conectar con cada una de ellas y profundizar en su significado, así como dejarse envolver por su fuerza.

El contacto que Webb tuvo con los habitantes que iba conociendo a través de sus recorridos fue íntimo, revelador; le enseñó una nueva cara de Nueva York que hasta entonces permanecía desconocida para él o que había percibido bajo otros ojos. Niños, mujeres, hombres, vagabundos y demás desfilaban ante él mientras reafirmaba su orgullo de vivir y regresar a la ciudad: «Nueva York ahora es mi hogar. No me puedo imaginar viviendo en ningún otro lugar», dijo.

Gracias a sus fotografías se puede gozar del espíritu vivo de una ciudad seductora, a la vez que misteriosa. Sus calles cuentan anécdotas que en el presente se siguen acumulando y que ha provocado que Nueva York goce no sólo de popularidad, sino de auténtica fascinación en quien la ha visitado y en quien añora hacerlo.

Sin embargo, Todd Webb no vivió el resto de sus días en esta ciudad. Sus inquietos pasos como fotógrafo lo llevaron a radicar en Francia, Inglaterra y Maine, donde finalmente murió. Por más amor que se le tenga a un territorio, el fotógrafo es un viajero incansable cuyo hogar finalmente es su cámara y lo que ésta le pida captar, así sea del otro lado del mundo. En su página oficial puedes contemplar ésta y otras obras que Todd Webb hizo a lo largo de su carrera como fotógrafo. Falleció el 15 de abril de 2000, en Auburn, Maine, Estados Unidos, cuando contaba con 94 años.

La ciudad de la que se acaba de hablar es una de las más fascinantes del mundo entero, símbolo de multiculturalidad, cambio y misterio. Descubre todo ello en las fotos antiguas de los trabajadores de las calles de Nueva York. Dando un salto a la era moderna, sé testigo de una nueva perspectiva fotográfica de Nueva York.

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Referencias

Mashable
International Center of Photography
Mashable

http://culturacolectiva.com/fotografias-de-todd-webb-new-york-posguerra/

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