El día que mil Fridas arruinaron el arte mexicano

Por primera vez en la historia, Frida lució ajena a sus autorretratos: sonreía, caminaba sin ayuda de un bastón o de aparatos ortopédicos. Con cabello lucía rubio o cano, a veces se le veía como una niña y otras como una anciana, hablaba varios idiomas e incluso su sexo cambiaba a cada segundo. Frida dio muestra de la veneración de la que goza como un producto más de la cultura pop.

A las camisetas, las bolsas, los aretes, las muñecas, los pines. Los tenis, el tequila, el perfume, la joyería, la ropa interior y las carteras con la imagen de Frida Kahlo estampada (las cuales se pueden ver en prácticamente cualquier bazar, centro comercial o tienda de diseñador) le faltaba algo más que diera fe de la inmensa popularidad que la pintora goza en México y más allá de sus fronteras. Apenas el 6 de julio pasado se conmemoró el 110 aniversario de la pintora mexicana surrealista, fallecida el 13 de julio de 1954. Con este pretexto, el Museo de Arte de Dallas (DMA) organizó lo que para su director, Agustín Arteaga, fue «…una fiesta. Frida amaba la vida y esto es eso, una celebración de vida. No importa cuál es tu condición humana, puedes llegar a hacer algo, ser alguien. Ese ejemplo prevalece».

Se convocó al público a asistir disfrazado como la artista, es decir, caracterizado con las espesas cejas, vestido colorido, flores en el cabello y rebozo rojo sobre los hombros para establecer un nuevo Récord Guinness de más personas disfrazadas de Frida. Dale un pretexto al público latino para crear celebraciones y romperás todos los récords que quieras. La respuesta no se hizo esperar: más de mil mujeres y hombres de todas las edades desfilaron por los alrededores del Museo de Arte de Dallas, orgullosos de reencarnar o interpretar uno de los rostros más icónicos en la historia del arte nacional e internacional.

En medio del llamado Frida Fest, mil personas rindieron tributo a una figura que ha dejado de ser parte exclusiva del terreno de lo artístico para convertirse en una pieza de consumo masivo. Frida ha pasado a engrosar la lista de obras como “La Gioconda” que se han convertido en objeto de sátira, reinterpretaciones y piezas de entretenimiento más que de aprendizaje o análisis. El gesto de dolor que era matizado por sus espesas cejas, hoy es sinónimo de algarabía entre quienes quieren divertirse a costa de una figura que jamás se vio a sí misma como un producto de mercado, sino como un imán del sufrimiento existencial.

Frida lleva décadas siendo una figura de corte universal. No es sólo por el peregrinar de cientos de turistas a la Casa Azul en Coyoacán o por el éxito que sus exposiciones tienen en el mundo. Es también el porque el mercado la ha absorbido como tema principal de sus productos, lo cual ha catapultado su figura para sumergirse en el océano de los que antes desconocían su existencia. Eli Bartra, profesora de la Universidad Autónoma Metropolitana, en entrevista a La Prensa, afirma sobre esto que el mercado «se ha apoderado de su figura, su vida, su obra, con afán lucrativo, pura y simplemente».

El festival en el que se convocó a una gran cantidad de personas a disfrazarse como Frida no es el primer ejemplo de alguien que se inspira en la artista nacida en Coyoacán para festejar su legado. Beatriz Vázquez Gómez, que vive en Ocotlán de Morelos, un pueblo a 35 kilómetros de distancia de la capital oaxaqueña. Es dueña de un peculiar restaurante que ofrece comida típica mexicana y recibe el nombre de “La cocina de Frida”. Vázquez Gómez recibe a sus comensales ataviada a la usanza de la pintora: vestido de tehuana, rebozos y las infaltables cejas juntas. «Nunca conocí a Frida, o sabía mucho de ella, pero mucha gente en el mercado me dijo que me parecía a ella”, dice. “Así que leí sobre su vida y se convirtió en mi heroína. Es un regalo parecerme a Frida», declara la dueña del local.

Esta tendencia es similar a aquellos lugares o eventos que honran la memoria de un grupo musical, una película, un artista o un escritor. El fanatismo llega a ser tan grande que existe el deseo de ser el héroe y encarnar sus virtudes para sentirse por un momento la figura admirada.

Polémicas y gustos aparte (Frida es tan odiada como amada en el panorama artístico mexicano), el legado de la que fuera esposa de Diego Rivera es intachable e inalterable en la historia del arte nacional. Sin embargo, este tipo de acciones que pretenden acercar al gran público con el arte, ¿son la mejor manera de rendir tributo a una de las grandes figuras que el país tiene? Adivinando qué pensaría Frida al respecto, es probable que la pintora se hubiera limitado a sonreír un poco y a pronunciar una de las frases que la han llevado a la inmortalidad: «¡Viva la vida!».

En vida y después de ella, Frida y su legado se han visto envueltos en la polémica y en la constante admiración de los que ven en ella a una mujer adelantada a su época. Esto se puede demostrar con las cosas que Frida Kahlo hizo antes que los demás. La motivación que muchos han encontrado a través de la artista mexicana seguramente ha sido por las 25 frases de Frida que los han inspirado. 

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