El día que Pepsi tuvo la sexta flota militar más grande del mundo

Strambotic

A finales de los ochenta, la empresa Pepsi podía habernos ganado una batalla naval. A nosotros, y a casi cualquier Marina del mundo. ¿Cómo es posible que una empresa que produce inocentes bebidas carbonatadas se hiciera con la sexta flota de guerra del mundo? Fue gracias al sudor de un líder soviético y al capitalismo de EEUU, que lloraba por las esquinas intentando meter la patita en el enorme mercado de la inaccesible y misteriosa Unión Soviética. ¿Debería haber aprovechado Pepsi  para iniciar una guerra (y no hablamos de una comercial) contra Coca Cola?

En 1959, el gobierno estadounidense organizó en Moscú la “Exposición Nacional Americana” con vistas a intentar exportar los productos nacionales en la URSS. Corrían los tiempos más duros de la guerra fía y a pesar de ello, convencieron nada menos que a Nixon (en ese entonces vicepresidente estadounidense) para representar al gobierno de EEUU en tierra bolcheviques.

El líder soviético Jruschov se reunió con Nixon durante la exposición ver productos de consumo estadounidenses y allí estaban cuando se enzarzaron en una discusión beneficios del comunismo y el capitalismo. Era julio y Jruschov se puso a sudar como un pollo, lo que llamó la atención de Donald M. Kendall, entonces vicepresidente de marketing de Pepsi, raudo y certero, le ofreció al sudoroso jefe de estado un vaso de gélida Pepsi. Este no reparó en que un cámara se encontraba cerca y se bebió tranquilamente la bebida imperialista, sin darse cuenta de que le iba a hacer de gratis una campaña estupenda a la compañía estadounidense. La foto dio la vuelta al mundo. ¡Ni el telón de acero paraba a Pepsi!

Aceptamos Vodka como animal de compañía

Donald Kendall ascendió a presidente de Pepsi en 1963. No se le quitaba una idea de la cabeza: vender su refresco dulzón a los millones de tristes consumidores rusos. Contactó con su amiguete Nixon, que también había ascendido a presidente, para que intercediese con la intención de vender su bebida en el territorio comprendido desde la frontera con Polonia hasta el estrecho de Bering.

Nixon hizo un par de llamadas y consiguió que los euroasíaticos aceptasen que les colasen la Pepsi en su mercado en aras de la paz mundial entre los pueblos. No obstante, surgió una duda. ¿Cómo iba a pagar la Unión Soviética a Pepsi? La URSS no tenía acceso a la moneda extranjera y el rublo no podía ser intercambiado en el mercado internacional.

A los hijos de la Madre Rusia les dio por abrir los almacenes, a ver qué podían dar a los americanos a cambio de aquellas botellas de contenido oscuro. El gobierno soviético disponía de grandes cantidades de vodka, ya que la mayoría de las marcas de esa bebida eran de propiedad estatal. Así que se firmó que la URSS pagaría con Stolíchnaya, un vodka creado en 1901 siguiendo la receta diseñada por el famoso químico ruso Dmitri Mendeleiev, el inventor de la tabla periódica de los elementos que tanto nos hizo sufrir a algunos en el bachillerato.

Pepsi se convirtió gracias al acuerdo en el primer producto occidental que se vendía en la URSS. Además, Pepsi se iniciaba en el mercado de bebidas alcohólicas, convirtiéndose en el importador exclusivo del famoso vodka Stolíchnaya para el mercado estadounidense más beodo.

¿Pepsi? buenas, que teníamos por aquí uno barcos de guerra…

En 1989, el acuerdo entre Pepsi y la Unión Soviética estaba a punto de caducar, por lo que comenzaron las negociaciones para renovarlo. Pepsi ya tenía por aquel entonces de 20 fábricas en la URSS y el nuevo acuerdo comercial, según leemos en RBTH, tenía un costo de alrededor de tres mil millones de dólares para la URSS. El vodka Stolíchnaya no era suficiente para pagar. Dados los problemas del estado comunista para intercambiar rublos en los mercados internacionales, se buscó un nuevo método alternativo de pago.

Los burócratas de la Unión Soviética encontraron una solución: si en los setenta tenían mucho vodka, ahora en los ochenta lo que les salía por la orejas era material militar. Excendentes de la carrera armamentística que vivieron las dos superpotencias mundiales durante la Guerra Fría. La URSS se ofreció a Pepsi pagar con una auténtica flota de guerra.  17 submarinos, un crucero, una fragata y un destructor, todos a diesel. Pepsi, por extraño que pueda parecer, aceptó el trato porque era la única manera de seguir vendiendo su bebida en la URSS.

Los navíos fueron vendidos a una compañía sueca para el reciclaje de chatarra. Lo más sorprendente es que, durante el proceso de venta, que duró unos días, aquellos 17 submarinos oxidados hicieron que Pepsi se convirtiera en la sexta potencia militar más grande del mundo.

Según leemos en el blog La Aldea Irreductible, el presidente de Pepsi, Donald Kendall, le comentó entonces en tono de broma al Asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos: “Estamos desarmando a la URSS más rápido que vosotros”.

Visto en RBTH. Con información de La Aldea Irreductible y El Español.

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