Poemas del decadentismo

El decadentismo es, sobre todo, una estética y una manera de vivir el arte.

Este extraordinario movimiento tuvo su origen en Francia, en la segunda mitad del siglo XIX. El término decadentismo empezó como un mote despectivo de la crítica, pero el efecto fue anulado cuando los poetas y pintores a los que estaba destinado lo hicieron propio, convirtiéndolo en una bandera del movimiento.

Los poemas decadentistas sintetizan las preocupaciones de una era. El decadentismo es, en última instancia, la antítesis del convencionalismo. Su mayor virtud reside en la exaltación, en la exageración, a tal punto que para ser considerado un miembro de este estilo era necesario asumir en la vida real los preceptos estéticos y los excesos que se aspiraban a reflejar en el arte.

Desesperación

Las estaciones derraman su ruina mientras pasan,
Pues en la primavera los narcisos alzan sus rostros
Hasta que las rosas florecen en ígneas llamas;
Y en el otoño brotan las violetas púrpuras
Cuando el frágil azafrán suscita la nieve invernal,
Pero los decrépitos y jóvenes árboles renacerán,
Y esta tierra gris crecerá verde con el rocío del verano,
Y los niños correrán entre un océano de frágiles prímulas.
¿Pero qué vida, cuya amarga voracidad
Desgarra nuestros talones, velando la noche sin sol,
Alentará la esperanza de aquellos días que ya no retornarán?
La ambición, el amor, y todos los sentimientos que queman
Mueren demasiado pronto, y sólo encontramos la dicha
El los marchitos despojos de algún recuerdo muerto.

Désespoir, Oscar Wilde (1854-1900)

La destrucción

A mi lado sin pausa el Demonio se agita;
A mi lado flota como el aire intocable;
Lo bebo y siento cómo abrasa mis pulmones
ahogándome en un deseo culpable y eterno.

Adopta, a veces, pues conoce mi amor por el Arte,
la apariencia de la mujer más seductora,
y acudiendo a especiosos pretextos cobardes,
acostumbra mis labios a sus depravados hechizos.

Lejos de la mirada de Dios así me lleva,
Jadeante y deshecho por la fatiga, al centro
De las hondas y solitarias planicies del Hastío,

Y arroja ante mis ojos, de confusión repletos,
Vestiduras manchadas y entreabiertas heridas,
¡Y el sangriento artificio en donde habita la Destrucción!

La destruction, Charles Baudelaire (1821-1867)

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