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Richard Taylor, un físico de la Universidad de Óregon, ha trabajado durante años en la creación de retinas artificiales para pacientes con problemas de la vista. Sus estudios, inesperadamente, lo llevaron a comprobar los profundos efectos de los patrones fractales sobre el cuerpo humano, además de su presencia en la naturaleza y también en el arte, específicamente en la obra del pintor estadounidense Jackson Pollock.

Durante mucho tiempo, científicos de todas las disciplinas se han preguntado cómo es que observar algo bello (por más subjetivo que este concepto pueda ser) tiene efectos en el cuerpo humano, y por qué es que estar en contacto con vistas hermosas reduce notablemente el estrés y mejora la salud en muchos niveles.

Durante la década de los años 80, por ejemplo, existieron estudios que demostraron que los pacientes recién operados se recuperaban más rápido cuando su cuarto de hospital tenía ventanas que daban a jardines o escenarios naturales (creándose una nueva tendencia en el diseño de hospitales y clínicas). Otras investigaciones posteriores han demostrado que observar cuadros que retratan paisajes de la naturaleza afecta las respuestas del sistema nervioso autónomo ante el estrés.

Pero, ¿qué es lo que hay en ciertas imágenes (paisajes naturales u obras de arte) que tiene ese increíble poder sobre nosotros? A partir de los estudios realizados por Taylor se ha descubierto que en los fractales, patrones geométricos repetitivos que van magnificándose gradualmente (presentes en ciertos elementos de la naturaleza como plantas, conchas marinas, ríos, nubes y montañas), está la respuesta.

Estos poderosos patrones han sido replicados por el hombre en el arte y otras disciplinas, por ejemplo, en la geometría sagrada de templos y otras expresiones rituales de todas las culturas humanas. Los estudios de Taylor lo llevaron a buscar obras de arte en la que los fractales fueron más patentes, y fue así como se acercó a la obra de Jackson Pollock.

Muchos de los cuadros de este artista abstracto, que comenzó a despuntar en la década de los años 40, se realizaron vaciando botes de pintura sobre lienzos colocados en el piso. Se sabe que los movimientos de Pollock al momento de verter la pintura sobre el lienzo no eran azarosos; respondían a una especie de juego de balance diseñado por el artista (se sabe que el balance tiene una cualidad fractal). A través de una tecnología especial, el equipo de Taylor descubrió que en los cuadros de Pollock existen numerosos fractales como los que abundan en la naturaleza. Esta característica, en su opinión, es en parte responsable de la popularidad del pintor.

A pesar de su carga intuitiva, la reproducción de los fractales en el arte no es ni accidental ni sencilla; por dicha razón, estos científicos descubrieron que en varias imitaciones de cuadros de Pollock, la aparición de estos patrones disminuía dramáticamente.

A partir de estas investigaciones Taylor acuñó el término fractal fluency o fluidez fractal, que se refiere a la manera (profundamente sencilla y reconfortante) en la que la vista humana procesa los fractales, en parte gracias a nuestro permanente contacto con la naturaleza. Este proceso incluye diferentes etapas, desde la manera en que se mueven los ojos al percibir estas siluetas hasta las partes del cerebro humano que se activan en ese momento.

A través de electroencefalogramas y mediciones de actividad eléctrica en la piel, Taylor y su equipo han registrado y estudiado el comportamiento del cerebro ante estos portentos visuales. Uno de sus más increíbles descubrimientos es que observar estos patrones puede reducir hasta un 60% el estrés, resultados notables de un tratamiento libre de fármacos.

La reverencia a la belleza es quizá una de las características más esenciales de la condición humana y, en ese contexto, los estudios de Taylor hacen patente algo hermosamente inspirador: es verdad (como muchos han afirmado) que hay una sabiduría inexplicable en la naturaleza (la que nos rodea y la que existe dentro de nosotros), una intuición que existe también en el poder creador de los artistas de todas las épocas y culturas, mensajeros y portadores de información sagrada.

 

*Imagen: Wooden horse: Number 10A, de Jackson Pollock, 1948. / Emiliano – flickr / Creative Commons

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