Tomates: así son las manzanas del paraíso

Al principio, los tomates eran una curiosidad botánica bautizada con denominaciones afrodisíacas

Tomates: así son las manzanas del paraíso
CRISTINO ÁLVAREZ 

 

Si dos aportaciones americanas a la dieta europea, el maíz y las patatas, han sido fundamentales para la economía y la alimentación humanas, una tercera, el tomate, lo ha sido igualmente desde el punto de vista culinario y gastronómico, hasta tal punto que dos de las más ricas gastronomías mediterráneas, la española y la italiana, parecen casi haber nacido con él.

El tomate es el fruto de una solanácea, originaria de América Central, que fue conocido por los españoles a su llegada a México. Su nombre se deriva de la palabra azteca tomatl, que los castellanos tradujeron por tomate, nombre que al final tendría éxito en la mayor parte de los idiomas occidentales.

La idea de tomate va unida indisolublemente al fruto de bello color rojo, pero para los aztecas la palabra tomatl designaba un fruto de color verde, como ahora mismo tomate en México, mientras que al rojo le llamaban xictlitomatl, de donde deriva jitomate, término que siguen usando los mexicanos pero que no tuvo éxito en Europa.

 

En un principio, y aunque consta que se plantaron tomates en Andalucía ya en el XVI, se valoraron más como planta ornamental que como alimento. Los pobres tomates, además, tuvieron que luchar con una fama nada merecida: la de afrodisíacos. Quizá por esa fama los franceses bautizaron inicialmente al tomate como pomme d’amour o manzana de amor; pero éste no fue el único bello nombre dado en Europa al tomate. Los italianos le llamaron poma d’oro, manzana de oro, de donde deriva su nombre actual en italiano: pomodoro. Los alemanes, por su parte, llegaron todavía más lejos al darle el nombre de Paradisapfel o manzana del Paraíso; parece que para los teutones las calamidades humanas empezaron con un tomate, y no con la tradicional manzana de Eva.

Pero el tomate, como decimos, fue al principio una curiosidad botánica más, como lo será la patata en su día, o las propias alubias. En los siglos XVI y XVII la gente no tenía prisa por incorporar alimentos exóticos a su dieta. Vamos, exactamente igual que ahora, cuando cualquier hierba exótica se adueña de nuestras cocinas.

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