Resultado de imagen para The Society Islands, Bora Bora, 1849

“Las islas que nunca existieron han logrado, a pesar de todo, ganar un lugar en los mapas”, afirmó alguna vez el poeta australiano Nicholas Hasluck. Esto es verdad, especialmente en la literatura, un ámbito en el que estos trozos de tierra firme han hechizado la imaginación humana desde hace milenios. En nuestra constante lucha por aprehender, delimitar y poseer el universo que habitamos, la cualidad acotada de estos continentes miniatura es capaz de confortarnos (al regalarnos la ilusión de posesión), de enfrentarnos con nuestros demonios (que se manifiestan en su soledad y aislamiento), y también de contener perfectamente una narrativa.

Universos miniatura, puentes entre el mundo real y el fantástico, las islas son lugares perfectos para la ficción y la mitología. En una gran cantidad de obras, estos territorios no sólo funcionan como simples escenarios, sino como personajes en sí mismos e, incluso, como recursos literarios —podría hacerse una bellísima (y extensa) biblioteca de libros con este motivo, como una excéntrica especie de género literario.

Las islas han sido utopías por encontrarse aisladas de los vicios humanos, pero también son lugares aterradores, hogar de lo desconocido y lo salvaje. Como los jardines literarios, las islas de la literatura son espacios con reglas propias: pueden aparecer y desaparecer, flotar por el mar como barcos o ser el hogar de mundos míticos que, como la Atlántida o Ávalon, se han perdido en el tiempo.

islands
A medida que nuestro mundo se encoje y las islas remotas desaparecen, lo que alguna vez fue la terra incognita —prisiones lejanas y hogar de náufragos desdichados— hoy representan raros tesoros cuya soledad, pureza y silencio no pueden sino representarnos el paraíso terrenal. Tan valiosas son la islas en el mundo real, como en el ficticio.A continuación seis islas de la literatura que son escenario y personaje de las narrativas que las contienen…

Ítaca

De entre el sinnúmero de islas que visita Odiseo durante su gran viaje de regreso a casa —la isla de la ninfa Calipso y la de la bella hechicera Circe, la isla de los lotófagos, la isla de los cíclopes y la de los gigantescos lestrigones, entre muchas otras— Ítaca, la isla-hogar, es símbolo del amor y del origen.

Utopía

Como muchos otros territorios utópicos de su época (la era de los viajes de descubrimiento), la de Thomas Moore es una isla donde los grandes vicios del viejo continente han sido superados. Una sociedad igualitaria que celebra la libertad religiosa y condena la propiedad privada, Utopía brilla en el catálogo de las islas ficticias como una joya que representa todo aquello que deberíamos ser.

La isla de Calibán

La Tempestad, la última obra de Shakespeare, sucede en una hermosa isla tropical, probablemente inspirada en las Bermudas, propiedad del salvaje Calibán. Tras su naufragio y llegada a la isla, Próspero (Duque de Milán y hechicero expulsado de su reino por su traicionero hermano) esclaviza a su dueño original, y utiliza este territorio para realizar su magia y llevar a cabo su venganza. Esta isla representa bellamente dos opuestos: lo salvaje, lo incivilizado, y la belleza de la naturaleza.

La isla de Robinson Crusoe 

La isla en la que Robinson Crusoe pasa algunos años después de su trágico naufragio (otra utopía de ultramar) es el punto de encuentro con una civilización desconocida y el espacio en el que este hombre, a través de su trabajo, habilidad y inteligencia, sobrevive la soledad y el aislamiento. Esta isla es una celebración al intelecto humano y, a la vez, una justificación al discurso poscolonial europeo.

La isla del tesoro

Una historia de piratas y tesoros enterrados en la arena, la novela de Robert Louis Stevenson fundó las bases del arquetipo de la isla pirata caribeña —bella, exótica y profundamente salvaje— que posteriormente otros escritores replicarían durante décadas. Ser el hogar del tesoro dota a esta isla remota de su deslumbrante significación.

Pala

Escenario de la novela La isla de Aldous Huxley, Pala es un paraíso de ciencia y religión, un espacio donde se confrontan el misticismo, la psicodelia y la ecología. Esta isla (donde los animales hablan), es hogar de una sociedad utópica en la que lo mejor oriente y occidente se encuentran: ahí la ciencia es una herramienta para encontrar verdades espirituales.

 

*Imágenes: 1) The Society Islands, Bora Bora, 1849 / Dominio Público; 2) Mapa de la isla Felsenburg de Johann Gottfried Schnabel, 1731.

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