ASÍ FUE EL PATRÓN DE DESTRUCCIÓN DEL SISMO EN LA CDMX (MAPA)

EL SISMO QUE AZOTÓ AL CENTRO DE MÉXICO TUVO UN PATRÓN INESPERADO EN LA CAPITAL DEL PAÍS.

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El terremoto registrado el pasado 19 de septiembre de 2017, en el centro de México, se originó en un lugar inesperado. Si bien la mayoría de los sismos que han afectado a este país a lo largo de su historia provienen del sur del país, en las costas del Oceáno Pacífico, en esta ocasión el pulso telúrico tuvo su epicentro en la frontera de los estados de Puebla y Morelos –es decir, se originó en un punto mucho más cercano a la Ciudad de México–. Por esta razón la alarma sísmica no sonó, ya que está diseñada era detectar movimientos provenientes de las costas del Pacífico, puntualmente movimientos entre placas, pero este reciente temblor se originó a partir del movimiento dentro de una sola placa. 

Todos sabemos que la fragilidad de la Ciudad de México ante los sismos, o su propensión a resentirlos, tiene que ver con el pasado lacustre de la capital mexicana. Suelos arcillosos, blandos, yacen al fondo de una buena porción de una de las metrópolis más grandes del mundo; y esto amplifica considerablemente los movimientos telúricos. Por eso ahora resulta no digamos ya interesante, sino obligado, entender exactamente cuál es la zona de la ciudad edificada sobre el antiguo lago. De hecho, si observamos el patrón de zonas más castigadas por el sismo del 19 de septiembre, y le sobreponemos un mapa del viejo lago, podemos entender por qué desde Xochimilco hasta Reforma, pasando por División del Norte, Coapa, Culhuacán, Tlalpan, la del Valle, Narvarte, Roma y Condesa, padecieron tanto el temblor.

En su artículo para la revista Nexos, Salvador Medina Ramírez analiza mapas de intensidad del sismo reciente, en contraste con el pasado lacustre y la respuesta salta a la vista: la franja azotada se corresponde con uno de los bordes de esta área acuosa que estaba conformada por cinco lagos. 

Localización de edificios afectados por el sismo del 19 de septiembre de 2017 y localización de la cuenca de los antiguos lagos del Valle de México. 

Sin duda las circunstancias forzarán una vez más a México a extraer un aprendizaje histórico de la tragedia. Es fundamental hacerlo, revisar nuestro uso y administración del agua –que impacta directamente sobre los mantos acuosos–, las regulaciones en materia de edificación, las políticas asociadas y, en general, la cultura de prevención de la población. 

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