El sol oscuro

La invocación del ‘Cara al sol’ atenta de manera directa con la concordia que se puso en marcha en 1978

Manifestación contra la independencia de Cataluña.
Manifestación contra la independencia de Cataluña. VINCENT WEST REUTERS

 

Hay en la historia reciente de España un sol oscuro y hay el sol de Machado, aquella infancia. El sol oscuro fue vendido a los jóvenes como la metralla, en pedazos engañosos, resbaladizos y crueles; el sol que animaba a las patrullas del amanecer a amedrentar a los enemigos, con el señuelo fascista de entonces: el mañana te pertenece. Tomorrow belongs to me. Esa arena negra sobre la que transitó parte de la juventud de la preguerra y de la guerra se escondió luego en la mazmorra de los objetos que nunca debieron ser puestos en las manos de los jóvenes españoles, pues sirvió en su día para alquilar el desprecio, para vender lo peor de las almas que habitan este país, marcadas por el odio, ese aliento negro de las guerras.

Al principio de la manifestación de Barcelona, que se convoca para juntar a unos con otros, a los que ya no se saludan con aquellos que fueron sus paisanos de barrio, sus amigos de escuela y de jarana, pudo verse a algunos grupos de abanderados que llevaban en la boca, además, aquella ponzoña, el Cara al sol; la invocación de aquel himno tiene que herir hoy los propósitos de la manifestación, porque atenta de manera directa con la concordia que se puso en marcha en 1978 y que ahora por tantas razones, no solo catalanas, o de los catalanes de la escisión, parece romperse o ya parece rota. Nada hay peor que ese himno para alertar a lo peor de nosotros, de nuestra historia, y despertar el espíritu de vencedores y vencidos, de enfrentamiento civil, que esa canción y los gestos de esa canción suponen como metáfora de lo que jamás debe cantarse de nuevo.

Decía Bertolt Brecht que debía cantarse también en los tiempos sombríos. Cantarse, buscar voz para aquello que una a los hombres en la dificultad o el desamparo; esa canción de victoria flatulenta que cantaban al principio de la manifestación estos ciudadanos es una cruel desavenencia con el espíritu con que fue convocada esa marcha en Barcelona. Pedir que cese esa canción y lo que ella supone no es tan solo pedir una canción distinta, es una apelación también al buen gusto con que los españoles debemos conducirnos ahora para que diciendo que queremos estar juntos estemos de veras juntos. Cantar el Cara al sol es un retraso tan grosero que nos lleva a los tiempos en que tan solo podían aspirar al mañana los que levantaban el brazo para señalar el futuro que querían solo para ellos y para denunciar con el dedo a aquellos que no tenían su propio pensamiento único.

Cantar, sí, pero no cantar viejas melodías que ya hicieron suficiente daño. Entonces lo fue y ahora lo es también: el Cara al sol es el sonido del sol oscuro de la historia.

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