Este ingeniero catalán ha creado un robot sexual para el hombre independiente

Iñaki Berazaluce

No intenten esto en sus casas.

“Cada vez que veo a un ciclista de 40 años subido dos o tres horas a la bici pienso: “Mira, ahí va un potencial cliente”. Posiblemente es un tipo que se casó hace diez años y ya está harto de pedirle a su mujer echar un polvo una vez por semana. Finalmente, se coge la bici para quemar toda la testosterona retenida. Si tuviera un robot sexual podría desahogarse con tranquilidad”.

Quien habla con así es Sergi Santos, creador de Samantha, el primer robot sexual 100% español y uno de los primeros en comercializarse en el mundo. Samantha es un androide exuberante -lo cual entra dentro de lo esperable-, que cuesta entre 2.000 y 4.000 euros y que, según asegura Santos, se va adaptando al estilo amatorio de su dueño, hasta alcanzar el orgasmo simultáneamente. Sí, Samantha tiene orgasmos. Y eso es una forma de inteligencia, según su demiurgo: “El orgasmo humano tiene mucho que ver con la inteligencia, la activación de los sistemas simpático y parasimpático, la regulación de la presión y la activación de la agmídala”.

El fundador de Shyntea Amatus, como se llama el fabricante, está convencido de que el mercado de los robos sexuales “va a explotar” y que quien esté bien posisionado hoy se va a llevar el gato al agua. O el robot a la yacija: “El mercado hoy en día está muy verde, y ahora es el momento de entrar, porque la inversión inicial es mínima. Yo, por ejemplo, he necesitado 300.000 euros para diseñar, programar y fabricar Samantha, una inversión muy razonable para una empresa que tal vez valga miles de millones en una década”. El mercado potencial es, desde luego, enorme: solteros, separados que llegan quemados de relaciones con mujeres “reales” y los millones de puteros que apuntalan una industria tan rastrera como la prostitución.

En el mes escaso que lleva en el mercado, se han vendido “entre 10 y 15 unidades” de Samantha y si no se venden más es, según Sergi Santos, por dos motivos: “el precio y la vergüenza”. “Si Samantha costara 100 euros todo el mundo tendría una (y yo me forraría)”, asegura Santos. Todo apunta a que el estigma de estar amancebado con una muñeca de látex se vencerá una vez su uso se extienda, pero eso sólo sucederá cuando el precio baje sensiblemente. ¿Y cuándo sucederá eso? “Es difícil decirlo, pero auguro que en un plazo de 20 años habrá fábricas por todo el mundo produciendo 20.000 androides mensuales cada una”.

Tu voz en una muñeca

Shyntea Amatus está en plena búsqueda de mujeres que deseen ganar unos jugosos ingresos prestando su voz a los androides. Este es el trato: si eres mujer y tienes una voz sensual, debes grabar en torno a 3.000 frases (del tipo “me pones mucho” y “córrete en mis tetas”) y puedes ganar entre 80 y 130 euros por cada muñeca vendida con esa voz, una de las cualidades, además del color de pelo y la talla del pecho, que puede escoger el cliente. De momento, sólo hay tres voces disponibles, todas ellas en inglés, aunque es uno de los rasgos más cruciales del negocio de los robos sexuales: “La industria porno se ha esforzado mucho en el tema de las voces (te reto a ver una escena porno sin voz). Quiero fabricar un muñeca a la que sólo con oírla hablar te la quieras follar”. Se buscan señoritas calentorras en castellano. Se gratificará.

Más información en Shyntea Amatus y en Quarz. Imagen de Naiya Take Over.

http://blogs.publico.es/strambotic/

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