Japón y su cisterna subterránea contra el cambio climático

Las imágenes de Puerto Rico tras el paso del huracán Irma nos han recordado lo expuestos que estamos a nuestras propias acciones, al modo en que maltratamos al Planeta y éste nos devuelve esa violencia en forma de catástrofes naturales. Las lluvias torrenciales y los problemas que éstas provocan son una de las estampas que más se repiten, con independencia del país y su nivel de desarrollo.

Algunos países que por su situación y orografía están más expuestos a inundaciones hace tiempo que comenzaron a tomar medidas, no tanto para frenar la polución que generan, sino para parar o paliar los daños que se provocan. Japón es un buen ejemplo de ello, pues ha invertido miles de millones en la construcción de una gigantesca cisterna subterránea en Tokio para hacer frente a estas inundaciones que pudieran derivarse de los efectos del cambio climático.

La Agencia Japonesa de Meteorología ha detectado que las precipitaciones se han incrementado en algunos puntos en más de un 70%. En el siglo XX, los efectos del agua terminaron por hacer que algunas partes de la ciudad se hundieran hasta cuatro metros y medio. En la actualidad y como sucede en Holanda, las áreas por debajo del nivel del mar están protegidas con robustos diques.

Esta tendencia alcista de las precipitaciones, sumada a su proximidad al mar y el progresivo crecimiento del nivel de los océanos, hacen que la metrópolis japonesa, hogar de cerca de 14 millones de personas, sea especialmente vulnerable. Además, a la vuelta de la esquina, en 2020, se encuentran los Juegos Olímpicos que albergará Japón, para los que el país quiere estar perfectamente preparado.

Las dimensiones de este sistema subterráneo, que se terminó en 2006 con una inversión superior a los 2.000 millones de dólares, es tal que podría albergar a la Estatua de la Libertad o el transbordador espacial. Se trata de una suerte de cavernas conectadas por túneles cuyas canalizaciones buscan desviar el agua lejos de las zonas de la capital nipona más vulnerables a una inundación.

Hasta cinco grandes depósitos de casi 80 metros de profundidad por unos 30 de ancho son los encargados de absorber el agua de lluvia. Diversas canalizaciones terminan por conducir esta agua a un gigantesco tanque, más grande que un campo de fútbol (177metros de largo por 78 de ancho y 18 metros de alto), con sus techos sostenidos por 59 pilares de dos metros de diámetro. En este tanque se han instalado múltiples bombas industriales que se ocupan de ir expulsado todos los metros cúbicos almacenados de un modo controlado, hacia el río Edogawa, que termina por desembocar en la bahía de Tokio.

Este sistema de cisternas está abierto al público en las épocas donde no hay peligro de inundación. Es preciso reservar con cuatro semanas de antelación, con visitas guiadas para grupos de 25 personas. Los visitantes pasean por el sistema de cisternas con la sensación de estar en una especie de palacio de grandes columnas. Desde el Gobierno japonés se utilizan estas visitas para concienciar a las personas sobre el peligro real de las inundaciones y cómo es posible adaptarse a la nueva situación que, en realidad, ha provocado la mano de los seres humanos.

DAVID BOLLERO

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