Sueños Breves

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Una vez más soñaba con mi padre (esa figura extraña, cuasi mitológica, que forma parte del recuerdo del recuerdo pero no de la vida misma, al menos en mi caso se entiende). Hablaba con mis palabras, con mi voz y mis gestos; ignoraba los suyos, los que le habían pertenecido o los que adquiriera a lo largo de su vida. Tampoco me resultaba extraño que luciera como en las fotos de antaño.

            Hablaba él más que yo, apenas me limitaba a asentir en algunos momentos y a dar muestras de que comprendía lo que me decía.

            —No puedo mostrarte lo que hay después de la muerte —decía—, la mía o la de cualquier otra persona, porque es tu propia mente quien lo desconoce.

            —Claro —respondí.

            —Estamos dentro de tu sueño, por lo que sólo podemos ver, hablar y sentir, aquellos que hayas experimentado en la vigilia.

            —Odio esto —dije.

            —¿Qué cosa? —me preguntó con un dejo de sorpresa en la voz.

            —Ser incapaz de dejar de racionalizarlo todo siquiera mientras duermo.

          —Tal vez sea hora de dejar de interpretar los sueños y disfrutarlos simplemente por lo que son: sueños —dijo mi padre.

            —Es lo que yo mismo me respondería —dije.

 

ESCRITO POR JOSÉ A. GARCÍA 

http://www.proyectoazucar.com.ar/

Pintura de Vicente Verdú

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