9 concepciones filosóficas del tiempo

9 concepciones filosóficas del tiempo
 “¿Qué es el tiempo?, si nadie me lo pregunta lo sé. Pero si quiero explicarlo a quien me lo pregunta no lo sé”. San Agustín.

La famosa pregunta: ¿Qué es el tiempo? le ha robado el sueño a innumerables filósofos, físicos y matemáticos desde la antigüedad.  Sin embargo, a pesar de que tenemos noción del tiempo en un sentido práctico en nuestra vida diaria, aún no hemos llegado una definición clara. Así que espero que este artículo contribuya a que duermas en paz, si es que esta pregunta te ha robado el sueño. A continuación una lista de 9 teorías que revelan los increíbles misterios del tiempo.

La teoría mente-tiempo de San Agustín

Tiempo

Este personaje dedicó gran parte de su vida a defender el cristianismo a través de escritos filosóficos y teológicos. Lo primero que establece  acerca del tiempo es que no puede ser infinito, porque de acuerdo con su visión cristiana: el tiempo fue creado por Dios y es imposible que hubiese creado algo infinito.

También profundiza en la existencia del tiempo y concluye que éste sólo existe en nuestra mente: Si es que podemos medirlo y defender su existencia objetiva, es solamente porque tenemos la capacidad de recordar lo que vivimos en el pasado, e imaginar lo que podrá suceder en el futuro, pero realmente el pasado y el futuro no existen, la única cosa que existe es el presente. El tiempo es una construcción mental.

La topología del tiempo

Tiempo

La topología es la rama de las matemáticas dedicada al estudio de ciertas propiedades de los cuerpos geométricos. A partir de esto surge una concepción geométrica del tiempo: ¿Cómo se ve el tiempo?

¿Es el tiempo una línea que se prolonga indefinidamente o un círculo que no tiene principio ni fin?

Obviamente no hay una respuesta correcta a la pregunta anterior, pero reflexionar acerca de la geometría del tiempo llevó a Aristóteles a la conclusión de que éste no podría existir como una línea que tuviese principio y final. Porque para que pudiese existir un punto de inicio en el tiempo, debió ocurrir algún suceso previo a éste. De igual manera, para que la existencia del final del tiempo fuese lógicamente posible, hubiera sido necesaria la existencia de algo después del tiempo.

Sumado a esto surgen otras cuestiones filosóficas, como la posibilidad de que distintas líneas del tiempo fluyan en el mismo espacio, y lo que ocurriría si se interceptaran. Podríamos responder que el tiempo existe como una línea que se fragmenta en distintas ramas, de manera similar a un fractal, o que la existencia de múltiples tiempos independientes es posible. Sin embargo, actualmente no podemos determinarlo porque a medida que “avanzamos” en la búsqueda de una definición del tiempo surgen más preguntas que respuestas.

¿Cuánto dura el presente?

Tiempo

Si cuando estamos hablando o escribiendo, lo que decimos se va instantáneamente al pasado, cómo podemos determinar (en números) la duración del presente. ¿Acaso esta duración depende de nuestra capacidad cognitiva?

E. R. Clay y William James responden a esta pregunta a partir del concepto de tiempo especioso o engañoso. Éste se refiere al segmento de tiempo que percibimos como presente. Ellos sugieren que el presente puede ser tan corto como un segundo, pero no más largo que un minuto, y que su duración depende de qué tan sensibles somos a los cambios instantáneos.

De acuerdo a lo anterior, la duración del presente podría estar relacionada con nuestra capacidad de memoria a corto plazo: mientras más datos podamos almacenar más largo sera el presente. ¿Pero no sería esto afirmar que el presente es un impulso que no tiene duración, y que realmente lo que consideramos presente es lo que permanece en nuestra memoria después de dicho instante? 

Objetivamente el presente no debería tener duración, porque si la tuviera, una parte de él estaría en el pasado y otra en el futuro, generando así una contradicción lógica.  

A fin de cuentas, a partir de la teoría de tiempo especioso, podemos estar seguros de que existe una percepción subjetiva del presente, que a su vez adscribe una duración al tiempo, aunque éste objetivamente no la tenga. 

Tu estatura determina tu experiencia del tiempo

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Puede sonar extraño, pero esta teoría tiene base científica, pues fue propuesta por el neurocientífico David Eagleman.

De acuerdo a los estudios de David Eagleman, todos experimentamos el mundo a través de paquetes de información que son recabados por nuestros sentidos y posteriormente procesados en el cerebro. Por lo tanto, debido a las distancias existentes entre nuestros receptores sensoriales y el cerebro,  existe un pequeño retardo entre los estímulos del ambiente y la llegada de estos al cerebro. Entonces, un estímulo que surge en una zona cercana a la cabeza será procesado antes que uno que sucede en alguna extremidad, aunque los percibamos de manera simultánea. Esto último sucede porque el cerebro organiza la información de tal manera que tenga sentido para nosotros. Si no ocurriera así, cuando camináramos sentiríamos primero las manos y después los pies. 

Ese pequeño retraso en el procesamiento de la información del ambiente es lo que permite afirmar que las personas de baja estatura experimenten una versión más precisa del tiempo. Sin embargo, comparar nuestra versión del tiempo con la de alguien más resulta imposible.

¿Qué pasará cuando el tiempo se canse de viajar?

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Si nadie sabe exactamente de dónde provienen la energía oscura y la materia oscura, más complicado  resulta definirla, y no sólo por la necesidad de un marco conceptual especializado sino por la ausencia de una vía experimental para sostener una teoría. A partir de esto es que científicos de las universidades de Bilbao y Salamanca sugieren que la energía y materia oscura no existen.  Lo que realmente sucede es que lo que denominamos energía oscura es un efecto de la relentización del tiempo. 

Para aclarar lo anterior imagina lo que sucede cuando la sirena de una ambulancia se aleja de tu posición; te será fácil distinguir un cambio en el tono de la sirena a medida que la ambulancia se aleja, el sonido será más grave. Este efecto es análogo, aunque en una escala cósmica, a la noción de que el Universo se expande cada vez con mayor rapidez, pues el cambio de tono es una percepción subjetiva que depende de nuestra posición y de que consideremos la rapidez con la que pasa el tiempo como constante (aunque astronómicamente no lo sea).

En resumen, aunque para nuestra escala humana sea despreciable la ralentización del tiempo, la expansión del Universo se da cada vez con menor rapidez. Entonces de acuerdo a esta teoría, el fin del Universo no será causado por una explosión, sino por un paro repentino. 

El tiempo no existe

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“Si no puedes dar respuesta a un problema, niega su existencia, pues es un hecho y no un problema”. 

De acuerdo con el filósofo J.M.E McTaggart existen dos teorías a través de las cuales podemos estudiar el tiempo. La primera de ellas: la teoría A, establece que el tiempo fluye por un camino definido, y que por lo tanto es posible organizar los eventos como si se tratara de una progresión del pasado hacia el futuro. Por otra parte, la teoría B, sugiere que el paso del tiempo es una ilusión, y por lo tanto no existe un orden objetivo en los eventos del tiempo. De tal manera que nuestra noción de orden temporal es meramente subjetiva, pues se basa en eventos que recordamos, ya sea voluntaria o involuntariamente.

Ambas teorías niegan la existencia del tiempo como algo objetivo. La teoría A es contradictoria, pues si realmente existe una progresión de eventos, ¿cómo es posible que lo que cuentan los libros de historia alguna vez haya ocupado los tres tiempos: futuro, presente y pasado? Por otra parte, la teoría B establece que el orden temporal es creado a partir de nuestros recuerdos: ¿acaso no sentimos que el aburrimiento es más largo que el placer?

Vivimos en un bloque de 4 dimensiones

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Esta teoría agrega el tiempo a las tres dimensiones espaciales ya conocidas: altura, ancho y profundidad. Es a partir de estas  cuatro dimensiones que el Universo puede ser pensado como un bloque que se subdivide en rebanadas de tiempo. Esto quiere decir que para cada punto de un objeto tridimensional existe un tiempo o duración. Por lo tanto, podemos afirmar que toda persona está constituida por capas de tiempo correspondientes a distintas etapas de su vida, por ejemplo: la niñez, la adolescencia y la adultez.

Entonces, el tiempo no existe como tal en el presente, el futuro o el pasado, sino que cada punto en el bloque del Universo es definido de acuerdo a su posición relativa con otro punto, es decir que para mi “yo del futuro”, mi “yo actual” es el pasado.

A pesar de la aparente consistencia de esta teoría, aplicar la teoría de bloques a la realidad provoca ciertas incongruencias: ¿Si este bloque es infinito, es decir: que se prolonga hacia todas las direcciones, esto no quiere decir que el futuro ya está determinado, y que ya existe en un tiempo lejano?

Los eventos inesperados ocurren en cámara lenta

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Seguramente alguna vez ,ante una situación de peligro, pudiste ver cómo  la vida te pasaba en cámara lenta, a tal grado que te preguntaste si acaso tus reflejos se asemejaban a los de un superhéroe. Sin embargo, un estudio desmiente esta situación y atribuye la experiencia de cámara lenta a que nuestra velocidad de recolección de los estímulos disminuye ante experiencias indeseables.

Para este estudio se midió el intervalo temporal de respuesta de los participantes mediante una serie de números que cada vez pasaba más rápido, y se comparó con el resultado del mismo experimento pero realizado en circunstancias de peligro (mientras caían de una torre de 46 metros). Se observó que  no había mejor reconocimiento de los números en situaciones de peligro.

Desgraciadamente no tenemos súper reflejos o algún poder para detener el tiempo, es, una vez más, un engaño de nuestro cerebro.

El tiempo en la mitología

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En la mitología griega Chronos es padre del tiempo (no se confunda con Crono el titán). Y debido a que ha vivido todas las edades del tiempo humano, es comúnmente representado por un anciano meditabundo; No obstante, este dios vive fuera del tiempo, pues es él quien lo gobierna. También es importante aclarar que aunque este personaje es responsable de la progresión temporal del mundo de los mortales, no lo es así de lo que suceda con sus vidas, es decir: su destino.

El destino de los hombres quedaba en manos de las tres Moiras: Cloto, encargada de hilar la hebra de la vida en el noveno mes de gestación. Láquesis, responsable de medir la longitud del hilo (de la vida) y, finalmente, Átropos, quien decidía la forma en que moría cada hombre, cortando el hilo de la vida.

La concepción greco-mitológica del tiempo considera la forma y el contenido: la primera presente en la progresión del tiempo, que es el recipiente de las experiencias. Y el contenido, que es representado por el destino.  Por lo tanto, aunque su mitología haya sido un impulso irracional por intentar explicar lo desconocido, la interpretación simbólica de sus dioses invita a  una reflexión profunda acerca del concepto de tiempo. Tal vez los griegos, ante su suerte, consideraron que no podían alterar el curso del tiempo, y que su destino ya estaba escrito.

Parece una ironía que en pleno siglo XXI no encontremos la esencia del tiempo, teniendo en cuenta que todas las tecnologías que utilizamos dependen del él. Esto sólo marca una vez más que nuestra curiosidad es casi infinita, por lo que resulta más sencillo utilizar el tiempo que explicarlo.

Fuente: Listverse

https://culturacolectiva.com

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