El oído es nuestro primer vigía

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Mientras seguimos ciegos,

envueltos por la suave oscuridad

del vientre materno,

algo escuchamos ya del mundo,

quizá la risa de la madre,

o tal vez el grito de un energúmeno

que en aquel momento pasa cerca,

o bien razonables palabras de amistad,

sin descartar los espasmos del placer,

o la alegría de un canto solitario,

o una piadosa oración, o una violenta blasfemia,

o la proclamación del terror,

o la confirmación de la ternura.

El oído es nuestro primer vigía:

aún somos peregrinos de la gran noche

y ya la vida asalta nuestro silencio.

Rafael Argullol

Pintura de Vicente Verdú

http://www.elboomeran.com/

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