¿Estallará una guerra en 2018?

«Seamos honestos: 2018 no pinta bien. Sí, los mercados están al alza y la economía no va mal, pero los ciudadanos están divididos, los gobiernos no gobiernan mucho, y el orden global se deshilacha»

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Muerto el riesgo financiero, viva el riesgo geoestratégico. Este podría ser el resumen del sentir con el que la comunidad de «influencers» globales, reunidos la semana pasada en el Foro de Davos, afronta el año. Con la macro-economía despejada (narcotizada por la política monetaria, dirían otros), las preocupaciones de quienes se dedican al análisis de riesgo han virado a las variables políticas. La desigualdad que ha dejado la crisis de 2008 y el ascenso del populismo fueron las casillas más marcadas. Pero, atención, un 79% de los participantes que respondieron a la encuesta que hace cada año el World Economic Forum creen que «existe un riesgo creciente de conflicto militar». ¿Está el mundo al borde de una nueva guerra a gran escala, como estaba -digamos- en 1913?

«Seamos honestos: 2018 no pinta bien. Sí, los mercados están al alza y la economía no va mal, pero los ciudadanos están divididos, los gobiernos no gobiernan mucho, y el orden global se deshilacha». Así arranca el informe anual de predicciones para este 2018 de Eurasia, una de las principales consultoras de riesgo político del mundo. Su presidente, Ian Bremmer, ha calificado el nuevo año como «el más peligroso» desde el final de la Guerra Fría. Su top 10 de amenazas lo encabeza la China expansiva que preside Xi Jinping, que ya no renuncia a ocupar el lugar central en el mundo que, poco a poco, va abandonando Estados Unidos. Para otros analistas es precisamente el presidente Donald Trump quien representaría el principal riesgo para la Humanidad.

No es de extrañar. El «Troll-in-Chief» arrancaba el año con un tuit con el que sacudió inesperadamente décadas de apoyo estratégico a Pakistán (un aliado amargo e indeseable, qué duda cabe). «No han hecho más que mentirnos y engañarnos, creyendo que somos bobos», bramó (por citar un ejemplo de su imprevisibilidad). Sin embargo, y ciber-fanfarronadas sobre el botón nuclear al margen, no parece que vaya a ser el presidente de la democracia más grande y dinámica del mundo quien nos lleve a la guerra. Más probable sería que un «accidente» en alguno de los puntos calientes del planeta degenerara en un conflicto bélico. Esta es, al menos, la segunda amenaza más grave que identifica Eurasia, que cita Rusia, Siria, Corea del Norte o el ciberespacio como posibles escenarios. Y es la inclusión de Rusia la que sí debe preocuparnos.

Así lo ha interpretado el Gobierno sueco, que se dispone a repartir en 4,7 millones de hogares un folleto sobre «defensa total» con recomendaciones sobre cómo actuar en caso de conflicto bélico. No lo hacían desde la Guerra Fría. Suecia ya aprobó el año pasado la restauración del servicio militar obligatorio. Es lo que tiene la cercanía con Rusia. En la vecina Noruega -miembro activo de la OTAN, a diferencia de Suecia-, el general Robert Neller, de los Marines de EE.UU., se sinceraba así con sus tropas: «Viene una guerra», dijo el pasado diciembre. La Alianza Atlántica, como ya ha explicado en estas páginas Esteban Villarejo, se afana en reforzar (¿recordar?) sus capacidades de combate alrededor de Rusia. Entre los puntos más calientes, destaca la franja de Suwalki, el estrecho hilo fronterizo que une Polonia con Lituania junto al enclave ruso de Kaliningrado. O las bases OTAN de Tapa, en Estonia, o la de Adazi, en Letonia, donde España desplegó el año pasado varios tanques Leopard. ¿Cómo de probable es, entonces, que este rearme a ambos lados del antiguo Telón de Acero termine en una conflagración bélica?

«Del 0 al 10, no más de un 2», me tranquiliza Pedro Baños, coronel en la reserva del Ejército de Tierra y autor reciente de «Así se domina el mundo» (Ariel, 2017). «Las capacidades militares que suman EE.UU. y la UE impedirían un ataque convencional de Rusia», cree. Además, ¿cuál sería exactamente el objetivo ruso? «Este magnificar el riesgo y demonizar al enemigo debemos enmarcarlo en la rivalidad actual entre EE.UU. y sus dos grandes adversarios, Rusia y China», dice Baños. Por tanto, disfrutemos del Año Nuevo, y no hagamos mucho caso a estos siniestros vaticinios. Esperemos.

BORJA BERGARECHE
http://www.abc.es/internaciona

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